Thomas Fazi, William
Mitchell
Comúnmente
se cree que abordar la elusión y la evasión fiscal es crucial para la
viabilidad del estado de bienestar y para la sostenibilidad de las finanzas
públicas en Europa. Sin embargo, una correcta comprensión de la economía, nos
cuenta una historia diferente.
El dinero no crece en los árboles, ¿o sí?
Tras la
reciente divulgación de los llamados Paradise Papers,
millones de documentos filtrados que revelan los complejos esquemas utilizados para
evitar el pago de impuestos por las personas y sociedades más ricas del mundo -desde
la Reina de Inglaterra hasta Facebook-, la Twitteresfera de habla inglesa se inundó con
mensajes como "hemos encontrado el
árbol mágico que da dinero, ¡está en las Bermudas!" (o algún otro
paraíso fiscal mencionado en la filtración). Esto era una referencia a una
controvertida declaración de la Primera Ministra británica Theresa May, hecha unos
meses antes en la BBC, cuando a una enfermera que no había tenido un aumento
salarial en ocho años le dijo que "no hay un árbol mágico que dé dinero", una
variación del clásico argumento de "no hay dinero" utilizado desde la
crisis financiera para justificar la austeridad.
El
comentario de May provocó fuertes críticas. La mayor parte de estas fueron
dirigidas a la descarada hipocresía de los conservadores: es decir, al hecho de
que negaban aumentos salariales a los trabajadores del sector público y
recortaban el bienestar social, mientras que regalaban miles de millones en
recortes impositivos a las personas de altos ingresos y a las sociedades. En
este sentido, la afirmación de May de que "no hay dinero" fue justamente
vista por muchos como una negación obvia de la realidad: el gobierno
simplemente se negaba a tomar el dinero de quienes lo tienen. Negar a las
enfermeras un aumento salarial era, por lo tanto, una opción política. Pocas
personas, sin embargo, impugnaron la premisa básica de la declaración de May:
que el dinero no crece en los árboles.
La
razón es, simplemente, que la mayoría de la gente comparte esta opinión. Es uno
de tantos mitos profundamente arraigados sobre cómo operan los sistemas
monetarios modernos, ligado a la creencia más amplia de que los gobiernos, como
los hogares, están limitados financieramente y tienen que "financiar"
sus gastos a través de impuestos o deudas. La omnipresencia de este concepto
erróneo de la economía es testimoniada por la reacción al escándalo de los Paradise Papers y, más en general, por
la forma en que se enmarca el debate sobre los paraísos fiscales, especialmente
en la izquierda. Los progresistas tienden a formular el argumento contra la expatriación de la riqueza en primer lugar en términos de su impacto en la
base impositiva doméstica (la pérdida de recaudación) y, por lo tanto, en el
equilibrio presupuestario de los países "fuente". Hace unos años, por
ejemplo, Richard Murphy, director de Tax Research
UK, estimó que la
evasión y la elusión fiscal en conjunto 'cuestan'
a los Estados Miembros de la UE alrededor de 1 billón de euros al año en
ingresos perdidos, lo que equivale a alrededor del 105 por
ciento del gasto total en salud.