Por Sandra Soutto. Economista
Los
ingresos de un Estado soberano no dependen,
o no tienen porque depender de los contribuyentes o de los mercados
financieros, ya que el dinero que estos entregan al gobierno, ya sea
mediante el pago de los tributos 1
o la compra de deuda pública2
(bonos y letras del Estado), lo han recibido antes del propio
gobierno, que a través de la implementación de políticas
expansivas del gasto incrementa los saldos de las cuentas de los
agentes privados (ciudadanos y agentes financieros) con simples
apuntes informáticos (llamados tecleos informáticos). Por ello, un
Estado cuya financiación no depende de los mercados financieros ni
de la recaudación de impuestos, porque puede emitir su propia
moneda, no puede quebrar, es decir, nunca será insolvente en deudas
denominadas en su propia moneda.
Sin
embargo, políticos, legisladores y algunos economistas que temen los
efectos de la inflación, han contribuido a engordar la falacia de
que el Estado se puede quedar sin dinero y entrar en bancarrota,
mediante la difusión de mantras como: “El
gobierno esta sujeto a las mismas restricciones que los hogares:
tanto entra, tanto gastas.”
En
la UE se ha creado una estructura económica-política, la eurozona,
que arrebató a algunos de los estados miembros, entre ellos a
España, su soberanía monetaria poniéndolos a merced de los agentes
financieros, y entregando la misión de emitir moneda al BCE cuya
única finalidad es controlar la inflación.
El
economista de origen judío moldavo, emigrado a EEUU, Abba
Lerner3
, que estudió como controlar los precios en un marco de pleno
empleo, en su obra Economics
of Employments,
propuso una alternativa a las “finanzas responsables” impuestas
por los conservadores, en
la que expuso la
necesidad de dirigir la economía hacia la prosperidad aumentando el
gasto público cuando existen recursos ociosos, sin temer a la
inflación. Se trata de tomar el control de la política económica e
impedir que la economía se hunda con depresiones e inflaciones,
implementando políticas de control del gasto, a lo que llamó
Hacienda Funcional.
En
síntesis, la Hacienda Funcional consiste en:
- Cuando tenemos tasas elevadas de desempleo y deflación, la demanda agregada está demasiado baja, entonces, el gobierno debe aumentar el gasto creando empleo, y lo consigue creando los recursos financieros necesarios mediante apuntes (ahora mediante tecleos informáticos) en las cuentas del balance del Banco Central4 . Otra opción sería la de bajar los impuestos, aunque ésta no garantiza la creación de empleo, ni aleja al fantasma de la precarización laboral, ya que su creación dependería de la voluntad del sector privado y, como sostiene Kalecki5, a éste no le interesa la creación de empleo, la creación que le interesa es la de un "ejército de reserva de parados" cuya función es presionar a la baja los salarios.
- En caso de que el tipo de interés esté demasiado alto, el gobierno a través del Banco Central aportaría los recursos financieros necesarios incrementando las reservas bancarias, para conseguir una disminución del mismo, y al revés si fuera que el tipo es demasiado bajo.
