Por Margarita Mediavilla Pascual
Hace unas semanas acaparó cierto interés
en los medios de comunicación la presentación del libro del doctor José
Miguel Mulet, profesor de Biotecnología de la Universidad Politécnica de
Valencia, titulado Comer sin miedo, en el que pretende desmontar mitos, falacias y mentiras sobre la alimentación en el siglo XXI.
En la entrevista aparecida en El País[1] sobre dicho libro, el autor
critica algunas tendencias actuales en alimentación y en concreto, la
“moda” de los alimentos ecológicos. Estos alimentos, según él, son un
engaño porque utilizan el miedo a lo artificial para vender un producto más caro que, en su opinión, no es mejor ni para el consumidor ni para el medio ambiente.
Hay que reconocer que, en la primera
parte de su entrevista, el Sr. Mulet tiene acierto al atacar esa
tendencia un poco paranoica de nuestra sociedad a generar modas sobre
dietas “salvadoras”, pero luego pierde todo el equilibrio y toda la
razón cuando empieza a hablar de los alimentos ecológicos. A partir de
ahí su entrevista se llena de tópicos y razonamientos rocambolescos con
un estilo claramente manipulador, apoyado, además, en datos que no son
ciertos. Merece la pena entretenerse en desmontar su discurso porque se
basa en un montón de prejuicios, que, por desgracia, son más comunes de
lo que deberían.
Una de las afirmaciones más
rocambolescas del Sr. Mulet es decir que la agricultura ecológica es
perjudicial para el medio ambiente porque la producción es mucho menor, del orden de un 50-25% y, por ello, se necesitan muchas más tierras para producir lo mismo.
Incluso si ese dato fuera cierto, es bastante sorprendente que llame
perjudicial a una agricultura que evita impactos tan enormes sobre el
medio ambiente como la erosión y pérdida de suelo fértil, la
eutrofización de los ríos debida al exceso de abonos nitrogenados, gran
parte de las emisiones de CO2, la pérdida de biodiversidad de aves,
insectos, abejas, y todo tipo de descomponedores y microorganismos del
suelo, etc. Además, la agricultura ecológica, incluso aunque usara dos o
tres veces más tierra para producir lo mismo (que no lo hace), “roba”
muchos menos espacios a la fauna y flora silvestre, porque crea
agroecosistemas equilibrados donde conviven múltiples especies
silvestres, siendo la clave de la supervivencia de muchas de ellas.
Pero esta afirmación es todavía más
rocambolesca porque el dato que da el Sr. Mulet, es, directamente,
falso. Cualquiera que haya ojeado estudios o conozca a algún agricultor
orgánico sabe que los rendimientos por hectárea de éstos son un poco
menores, pero únicamente del orden de un 10%. En una síntesis de
diversos trabajos, Miguel Ángel Altieri, uno de los mayores expertos
mundiales sobre agroecología, indica que en agricultura ecológica los
rendimientos por unidad de área de cultivo pueden ser un 5-10% menores
que en cultivo químico, pero son mayores los relacionados con otros
factores (por unidad de energía, de agua, de suelo perdido, etc.).
También es conocido que el uso de abonos nitrogenados favorece la
acumulación de agua en las plantas, de forma que los vegetales
ecológicos tienen en torno a un 20% más materia seca por kilogramo[2], con lo cual es cuestionable incluso si los rendimientos reales son menores, porque cuando compramos un kilo de verdura, queremos comprar vitaminas, no kilos de agua.