¿El euro nos puso bajo la dictadura de los mercados?
por Jorge Amar
I. Un poco de historia
¿De dónde y con qué motivaciones viene la idea del euro?
A
finales de los ochenta, los responsables políticos franceses, entre
ellos François Mitterrand, defendían el proyecto de crear una
moneda europea común para limitar la creciente hegemonía del marco
alemán, y ante las reticencias de los responsables políticos
alemanes, el gobierno francés liberalizó los movimientos de
capitales, y propuso al banco central alemán la unión monetaria
dejando que las condiciones las pusiera Alemania. La que impuso fue
la creación de un Banco Central Europeo (BCE), independiente del
poder político y cuyo único fin era mantener un bajo nivel de
inflación. Además, no podría otorgar préstamos a los estados
miembros, los cuales deberían acudir a los mercados financieros y a
la banca privada para obtenerlos; en cambio, la banca privada si
podría obtener créditos del BCE a bajo interés.
Así nacía el euro,
condicionado por:
1- Una política
monetaria única para países con realidades diferentes y, sobre
todo, divergentes en estructuras productivas y económicas, en
niveles de productividad, y en demografía, entre otros.
2- La creación de un BCE
independiente de cualquier gobierno u órgano elegido por sufragio
universal.
La
entrada en el euro de España se consideró por una mayoría de la
población , de los partidos y la mayoría de los economistas como un
paso adelante hacia la "modernización" del país,
entendiendo esta como un conjunto de cambios en lo social, lo
económico y lo cultural que superaran la losa histórica que durante
40 años tuvo esta nación . Por ese entusiasmo se cedieron porciones
de soberanía, tanto de manera explícita como implícita, que
quitaron herramientas al estado español para poder realizar aquellas
políticas necesarias para mejorar la vida de la mayoría de la
población. El sustrato teórico sobre las supuestas ventajas
económicas que tiene dicha renuncia a parcelas de soberanía viene
dada por la teoría de las Áreas Monetarias Óptimas (Optimal
Currency Area), un ejercicio de
economía normativa que parte de la premisa de que el dinero es fruto
de la evolución de los mercados privados
y cuya función es reducir los costes de transacción en los
intercambios comerciales. Frente a esa concepción metalista del
dinero de la que parte dicha teoría, hay otra concepción sobre el
origen del dinero, la cartalista, que tiene que ver con el concepto
de soberanía política y la autoridad fiscal de la nación, y que
explica la regularidad bien robusta de que a una nación le
corresponde una moneda, la cual le permite afrontar, en momentos de
extrema necesidad, merced al poder de la creación de dinero, la
movilización todos los recursos reales bajo su jurisdicción. Con el
euro se ha implementado una moneda independiente de los estados y
dependiente de los bancos y mercados financieros, centrada en
conseguir mediante su escasez forzada (viso deflacionario del euro,
pues lo único que importa al BCE es la inflación) un valor
intrínseco que le permite competir por la demanda internacional de
atesoramiento de riqueza en forma monetaria, para así desplazar a
otras monedas, o dicho de otra manera, el euro nace como una moneda
enemiga acérrima de la inflación y como tal pretende atraer a los
capitales que buscan refugiarse de la inflación como si de un
pseudo-oro se tratase.
http://cas.umkc.edu/econ/economics/faculty/wray/601wray/goodhart.pdf
http://cas.umkc.edu/econ/economics/faculty/wray/601wray/goodhart.pdf
II. Algunos beneficios y beneficiarios.
Costes, algunos evidentes y otros no tanto.
Entre
los beneficios teóricos supuestos estaba la convergencia de los
tipos de interés de las deudas publicas de la zona, que en último
caso se volverían perfectos sustitutos unas de otras, merced a la
desaparición de las primas de riesgo monetarias asociadas a la
devaluación o a la inflación, si bien ya desde el 2000 la misma
AMUE (Association
for the Monetary Union of Europe) reconoció
que al primer año de la UME ya se volvía a una senda de divergencia
de los tipos. El proceso de
divergencia se aceleró de manera dramática a raíz de la crisis
financiera del 2008. Baste para ello recordar que las primas de
riesgo de Irlanda, España o Italia frente a Alemania superan los 300
puntos básicos y el caso de Grecia es superior a los 1000 puntos
básicos.
Entrando
en los beneficiarios de dicha integración y sin ser esta relación
exhaustiva podemos encontrar que:
Entre
agentes económicos privados: todas
las empresas y personas (trabajadores consumidores) que se veían
sometidos a costes adicionales debidos al riesgo de tipo de cambio se
deshacen de ello; las empresas que pueden acceder a mercados de
capitales más extensos y hacer uso de los instrumentos de deuda
(titulizaciones) que se puedan colocar en un mercado de capitales
ampliado (costes de transacción reducidos o eliminados) les permite
acometer procesos de expansión más ambiciosos. Los trabajadores de
alta movilidad intraunión con pocos costes familiares y poco arraigo
en el territorio disfrutarán de un espacio laboral ampliado.
Entre
estados: dado que cada estado de la
unión pasa a ser mero usuario de moneda, no puede crear moneda
independientemente. Aquellos estados que tienen un sector exterior
menos dependiente de la política cambiaria y que tengan una posición
de exportadores netos van a tener una posición más segura debida a
su abundancia de reservas en euros en el BCE, lo cual les puede
permitir afrontar políticas anticíclicas sin verse penalizados con
primas de riesgo por insolvencia crecientes al tener que recurrir a
los mercados de capitales para adquirir reservas. Diciéndolo de otra
manera más sencilla, si no tienes euros y quieres incrementar (o se
te incrementa) el gasto del estado tienes dos opciones: o
conseguirlos de tus vecinos gracias a exportarles más de lo que
importas o debes pedir más euros a los mercados financieros, lo que
estos ven como una posición de riesgo y por ello piden un tipo
superior por prestártelos (primas de riesgo de insolvencia).
Entre
los costes evidentes de la integración se encuentra la pérdida de
soberanía monetaria que supone la pérdida de control sobre el tipo
de interés y el tipo de cambio impidiendo el recurso a la
devaluación. Es de notar que el periodo previo a la UME, con el
colapso del SME que la precedió, dio buen anticipo de los costes en
esta materia, ya que permitió a los especuladores en los mercados
monetarios aceptar y ganar la apuesta contra los bancos centrales
sobre si los niveles de reservas de divisas de alguno de estos eran
capaces de sostener la cotización que dicho tipo fijo o banda de
fluctuación determinaba.
Sin
embargo, también se asumieron costes no tan evidentes a resultas
de la integración en una moneda común:
Privatización de la financiación pública y exigencia.
En
un contexto de moneda fiat (no convertible) con tipos de cambios
flotantes, un estado soberano monetariamente con deudas denominadas
en la moneda que monopoliza, no está
sujeto en su gasto por restricción financiera alguna,
el estado puede pues gastar libremente, siendo el riesgo del
sobregasto la inflación. Al renunciar a la soberanía monetaria, la
restricción financiera (por la necesidad de compensar las
variaciones de reservas en el BCE) raciona el gasto del estado, y a
medida que este incurra en mayores déficits, su fuente de
financiación que son los mercados privados de capitales pueden
reclamar mayores primas sobre el riesgo de insolvencia. El Banco
Central puede garantizar que no se dé la insolvencia siempre en
último término, pero ello supone el rescatar a los estados, lo cual
está explícitamente prohibido en el artículo 125 del Tratado de
Lisboa. Así pues, constatado que los mercados de capitales privados
pueden forzar la política fiscal discrecional de los estados, cuando
existe una recesión éstos se encuentran en el dilema de que, por un
lado, los estabilizadores automáticos (menor recaudación, mayores
transferencias sociales, etc.) llevan al presupuesto estatal hacia el
déficit para poder compensar la caída de la demanda privada,
mientras que, por otro lado, los mercados privados reclaman mayores
primas de riesgo de impago y exigen la vuelta a niveles inferiores de
déficit obligando a realizar la política procíclica (reducción de
transferencias e incrementos impositivos) que reducen la demanda
total y por ello el ingreso, constituyendo un circulo vicioso
depresivo en el que el pago de
intereses a los mercados financieros
toma cada vez una mayor parte de los presupuestos gubernamentales
menguantes.
Competitividad (Dumping) salarial y fiscal.
La
propia teoría AMO (Areas monetarias óptimas), de donde parte el
experimento del euro, revela estas dinámicas. Los mercados de
capitales se encargarán de sancionar un intento del factor trabajo
para mantener o ampliar su parte del ingreso nacional de manera que
solo se acepten incrementos salariales iguales o inferiores al
incremento de la productividad. Es más, dada la perfecta movilidad
del capital, los estados se ven incentivados a no gravar a este
factor que puede volar libremente a otra jurisdicción de la UME con
menor presión fiscal, mientras que para compensar la caída que
supone sobre la recaudación del estado grava al factor o las
operaciones que más se fijan al territorio (ingresos sobre el
trabajo, impuesto al consumo, etc.).
Especialización productiva conforme a un modelo centro-periferia.
Si
bien en una zona monetaria con una autoridad fiscal común que
trabaja en unión con el banco central no cobran tanta importancia
los flujos comerciales dentro de las fronteras (balanza por cuenta
corriente entre estados de USA), en la UME estos flujos sí tienen
una importancia crucial. Esto es debido a que en el primer caso la
autoridad fiscal compensará los desequilibrios en tasa de
crecimiento y desempleo de la regiones mediante un mecanismo fiscal
de transferencias (presupuesto federal e impuestos federales),
asegurando un mínimo de cohesión al conjunto del área. En el
segundo caso, al no tener ese mecanismo de compensación, la dinámica
impone una especialización productiva con un centro que acapara las
actividades de mayor valor añadido, mientras que la periferia se
ocupa de la de menor valor, acentuando las diferencias en el
desempeño de las regiones: las más prosperas mejoran a costa de las
menos prósperas sin tener que dar transferencias a cambio. Si
añadimos que las regiones menos prosperas recurrían con cierta
regularidad a la devaluación para evitar su desindustrialización,
con una unión monetaria el proceso de divergencia se exacerba al
eliminar esa posibilidad, quedando solo como recurso las
devaluaciones internas que no solo deprimen la demanda interna de esa
región sino que esa deflación de precios y salarios alimenta un
proceso de concentración de rentas y riqueza.
III. Pero ¿es esto realmente un AMO?
¡Y que importa que no lo sea!, lo importante es otra cosa.
Atendiendo
a las condiciones expuestas en la teoría de Mundell los requisitos
mínimos son:
1
Movilidad laboral y flexibilidad de salarios a través de la región:
esto incluye capacidad física para viajar (visados, derechos de
trabajadores) o eliminar barreras culturales para la libertad de
movimientos (como sería el caso de distintos idiomas) o las barreras
institucionales.
2. Movilidad de capital y
flexibilidad de precios.
3. Un mecanismo
automático de transferencia fiscal, que redistribuya el dinero hacia
las áreas o sectores que se hayan visto desfavorecidos por las dos
características antes señaladas.
4.
Los países partícipes tienen que tener ciclos económicos
similares.Que no se cumplan ni por asomo las condiciones teóricas en
muchos de los países (con especial relevancia en los llamados PIIGS)
no es óbice para que el mismo padre teórico defienda el proyecto,
pues como Mundell
reconoce "Monetary discipline
forces fiscal discipline on the politicians as well".
Y en definitiva de eso se trata el euro: de disciplinar a los estados
fiscalmente. O si lo vemos desde la perspectiva política, consiste
en alejar de las manos de los representantes democráticos la toma de
decisiones económicas.
http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2012/jun/26/robert-mundell-evil-genius-euro
http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2012/jun/26/robert-mundell-evil-genius-euro
IV Nadie podía prever este resultado, ¿o sí?.
El
desastre del divorcio entre la moneda y el estado nación, sin
existir ningún interés en crear una federación de estados para
solucionar este problema, ya había sido denunciado durante más de
20 años por parte de la Teoría
Monetaria Moderna en los países
anglófonos y en la misma Europa, por la Teoría
de Circuito Monetario, ambas muy
cercanas:
post-keynesianas y que parten de una aproximación al dinero
cartalista (el dinero es producto del estado). Estos programas de
investigación económica sí adelantaron tanto los mecanismos como
las condiciones por las que se podría llegar a la situación actual.
V. Soluciones al desastre y aplicabilidad de las mismas en la Europa realmente existente.
Los
escenarios para enmendar algo el desastre en el que nos encontramos
en mi opinión son tres, algunos de ellos suponen una ruptura radical
en las dinámicas depresivas expuestas, otros no tanto.
El
primero sería el desarrollo de una entidad federal, compuesta por
los países de la UME bajo control democrático de un parlamento con
plenos poderes legislativos (entre ellos la elaboración de un
presupuesto), que unificase de nuevo la soberanía monetaria con la
fiscal. Esta entidad sería la encargada de poner en marcha las
políticas anticíclicas necesarias, que consistirían en una
expansión fiscal de calado suficiente como para volver a tasas de
crecimiento que recuperen el empleo y reviertan el proceso de
desigualdad económica tanto entre regiones como entre ciudadanos.
Esta salida, que podría ser la ideal pues fortalecería y afianzaría
el sentido de pertenencia a una idea de Europa social de los
ciudadanos europeos bajo principios de solidaridad y cooperación,
hay que ponerla en perspectiva respecto a su aplicabilidad. Los
incentivos al desarrollo de ese federalismo se podrían concretar en:
1º, la población de los países periféricos está incentivada para
conseguir un mecanismo de compensación fiscal (solidaridad entre
socios) que amortigüe el shock asimétrico y estabilice la crisis
social y la destrucción progresiva de sus economías; y 2º, el
progresivo deterioro de la capacidad de compra de los países
periféricos terminará dañando a
las economías centrales que centran
su desarrollo en el mercado exterior, lo que repercutirá en sus
resultados económicos.
Por
otro lado, hay desincentivos claros al desarrollo de tal federalismo.
Desde el primer momento de creación de la UME, el planteamiento de
una federación quedaba completamente fuera de los objetivos, lo cual
explica tanto la configuración de un banco central independiente sin
control de ningún poder democrático, como la nula capacidad
legislativa del parlamento europeo frente a un órgano tecnocrático
como la Comisión, que ostenta dicha capacidad. Un primer
desincentivo es que los países centrales gozan de evidentes ventajas
en el actual marco institucional, pues consiguen menores costes de
financiación. Por otro lado, la percepción de riesgo de insolvencia
en las economías periféricas lleva a una fuga masiva de depósitos
hacia los países centrales, al pensar ingenuamente que dichos fondos
quedarán a salvo de un posible impago de alguno de esos estados
periféricos, así como de la posible depreciación de estos como
consecuencia de un impago que termine expulsando al país de la zona
euro. También se abren oportunidades de negocio en los países
periféricos para los abundantes capitales del centro que permiten la
supresión-absorción de competidores. En el caso de bienes de
titularidad pública (merced a las privatizaciones), las
oportunidades son si acaso mejores debido a la obligación, incluida
en los mismos memorandos de entendimiento, de liquidar activos
públicos para reducir el déficit presupuestario. Respecto al factor
trabajo, la tasas de desempleo de los periféricos tienen una función
disciplinadora, como amenaza frente a las veleidades distributivas
ante la pérdida de posiciones en el ingreso nacional de los
asalariados frente a los propietarios de capital de los últimos 30
años, acelerada desde principios de siglo y en especial desde la
depresión creada por las políticas procíclicas. Un desempleo alto
en España (o Grecia o Irlanda o Portugal) no es problema social ni
político en Alemania (o Francia u Holanda) y sí, en cambio, un
recordatorio a los trabajadores alemanes (franceses, etc.) de que o
mejoran su competitividad o pueden ser tan prescindibles como los
millones de desempleados periféricos que en última instancia pueden
sustituirlos.
El
segundo escenario consiste en seguir jugando con las reglas actuales,
buscando dentro de ese entramado los resquicios por los cuales
realizar las políticas económicas necesarias (uso de las bancas
públicas, o uso intensivo del BEI). En ese sentido, es muy
significativo que los diseñadores y gestores del actual proceso se
estén dotando de más y más salvaguardas para evitar dicha
flexibilidad por parte de los estados (al menos de los estados
periféricos), poniendo fuera de la discusión política no sólo la
política monetaria (prerrogativa del BCE) sino también la fiscal,
blindándola judicialmente vía el TJE mediante la capacidad de
imponer multas de hasta el 0,1% del PIB a los países que no cumplan
con las leyes de la Austeridad y obligando a los miembros a
constitucionalizar la austeridad.
El
tercer escenario, que es anunciado por el "stablishment"
como el apocalípsis económico, sería la denuncia de los tratados
poniendo fin a las reglas actuales y planteando a los estados la
disyuntiva entre crear unas nuevas reglas (que nos lleven al primer
escenario) o dar por finalizado el experimento de Eurolandia y que
cada cual haga lo mejor para su población. Esta situación tiene
todos los visos de ser la más probable dada la percepción cada vez
más clara por parte de los ciudadanos europeos de que las
instituciones creadas no merecen confianza (el caso de España es el
más extremo), a lo que se suma el hecho de la culpabilización de
los países periféricos entre la población de los países
centrales, que está alimentando un
proceso de odio que acentuará las
tendencias centrífugas, odio que en los países periféricos se
alimenta del sufrimiento que causan las políticas impuestas por el
centro.
¿Qué
nos queda entonces? O vivir esperando un milagro que nos lleve a la
primera situación, o continuar por el calvario sin fin del segundo
escenario que día a día se vuelve más arduo, o afrontar el hecho
de que el "éxito" de un proyecto que funciona como se
diseñó y no como se anunció es en realidad un fracaso para las
ilusiones de la mayoría de la población europea, en especial las
del pueblo español, lo cual implica reconocer que es preciso forzar
un cambio de las reglas de juego o, caso de no ser esto posible,
salir del mismo juego para crear otras.
Para
acabar unas palabras de Paul Krugman que nos dan una idea de lo que
supone realmente la perdida de la soberanía monetaria y que abandona
(por fín) el mito del crowding out.
"First,
if you look around the world you see that the big determining factor
for interest rates isn’t the level of government debt but whether a
government borrows in its own currency. Japan is much more deeply in
debt than Italy, but the interest rate on long-term Japanese bonds is
only about 1 percent to Italy’s 7 percent. Britain’s fiscal
prospects look worse than Spain’s, but Britain can borrow at just a
bit over 2 percent, while Spain is paying almost 6 percent.
What
has happened, it turns out, is that by going on the euro, Spain and
Italy in effect reduced themselves to the status of third-world
countries that have to borrow in someone else’s currency, with all
the loss of flexibility that implies. In particular, since euro-area
countries can’t print money even in an emergency, they’re subject
to funding disruptions in a way that nations that kept their own
currencies aren’t — and the result is what you see right now.
America, which borrows in dollars, doesn’t have that problem.
"*
(*)"En primer lugar, si nos fijamos en todo el mundo, se ve que el factor más determinante para los tipos de interés no es el nivel de la deuda pública, sino si el gobierno se endeuda en su propia moneda. Japón está mucho más profundamente endeudado que Italia, pero el tipo de interés de los bonos japoneses a largo plazo es de sólo 1%, frente al 7% de Italia. Las previsiones fiscales de Gran Bretaña se ven peor que las de España, pero el Reino Unido puede pedir prestado a un poco más del 2%, mientras que España está pagando casi un 6%.
Lo que ha ocurrido, parece ser, es que estando en el euro, España e Italia, se han puesto en la situación de los países del tercer mundo que tienen que pedir prestado en una moneda que no es la suya, con toda la pérdida de flexibilidad que ello implica. En particular, dado que los países de la zona euro no pueden imprimir dinero, incluso en caso de emergencia, están sujetos a trastornos financieros de un modo en que no lo están aquellos países que mantuvieron sus propias monedas, y el resultado es lo que se ve ahora. América, que se endeuda en dólares, no tiene ese problema. "
Lo que ha ocurrido, parece ser, es que estando en el euro, España e Italia, se han puesto en la situación de los países del tercer mundo que tienen que pedir prestado en una moneda que no es la suya, con toda la pérdida de flexibilidad que ello implica. En particular, dado que los países de la zona euro no pueden imprimir dinero, incluso en caso de emergencia, están sujetos a trastornos financieros de un modo en que no lo están aquellos países que mantuvieron sus propias monedas, y el resultado es lo que se ve ahora. América, que se endeuda en dólares, no tiene ese problema. "
