El 3 de junio de
1951, se formó en Londres la Internacional Socialista. Todavía está en marcha. Es "una asociación mundial de
partidos políticos, la mayoría de los cuales buscan establecer un socialismo
democrático". Sus raíces se remontan al siglo XIX (a la Primera
Internacional formada en 1864) cuando se consideró beneficioso unir a los
movimientos nacionales de la clase obrera en una fuerza global para derrocar al
capitalismo. Las disputas internas entre varias facciones condujeron a diversas
disoluciones y reformas en los últimos 150 y pico años. En 2013, la membresía
se dividió cuando el SPD alemán decidió crear un grupo competidor, la Alianza Progresista, a la que se unió una multitud de los llamados partidos
socialdemócratas (incluido el Partido Laborista Australiano) que abandonaron la
IS. Ambos cuerpos están asediados por conflictos internos y por miembros que
han caído en los mitos macroeconómicos neoliberales. Más recientemente, DIEM25
ha surgido para perseguir una visión paneuropea de la política de izquierdas.
La dinámica más reciente de estos movimientos niega el poder del estado-nación
en una economía globalizada y los flujos financieros globales. Todos ellos
están fracasando debido a esta negación.
Se ha publicado un
interesante artículo en el Financial Times (4 de julio de 2017) --La soberanía sigue teniendo sentido, inclusoen un mundo globalizado-- de Robert Tombs, un académico británico
especializado en historia francesa que se ocupa de este tema.
La afirmación de
que el estado-nación está muerto es también un tema importante de mi próximo
libro (escrito con Thomas Fazi) - Reclaiming the State: A Progressive Visionof Sovereignty for a Post-Neoliberal World (Recuperando el Estado. Una
visión progresista de la soberanía para un mundo pos-neoliberal)- que será
publicado por Pluto Press (Reino Unido) el 20 de septiembre de 2017.
Presentaremos el
libro en Londres el 26 de septiembre de 2017 y después haremos una gira de 10
días de conferencias promocionales por toda Europa. Todos los detalles de dónde
y cuándo tendrán lugar los eventos se publicarán próximamente, pero al final de
este blog hay una guía indicativa.
Al mismo tiempo,
lanzaré un nuevo proyecto que vamos a llamar El Proyecto de Recuperación del
Estado (The Reclaim the State Project, RTS), que se centrará en expandir la
conciencia de la capacidad del gobierno emisor de moneda para avanzar en el
bienestar general y contrarrestar el poder egoísta del capital global. Más
detalles sobre este tema aparecerán próximamente en su página principal http://www.reclaimthestate.org.
Como antecedente, Thomas Fazi
y yo hemos publicado recientemente un artículo Make the Left Great Again (Haced la
izquierda grande otra vez), que apareció en la edición del otoño de 2017 de una
nueva revista estadounidense American Affairs (Vol 1, número 3). La revista se
ocupa de “las políticas públicas y el pensamiento político".
Ese artículo resume
nuestro argumento de que el estado-nación nunca se fue, como muchos en la
izquierda progresista de la política parecen creer. Estos movimientos
paneuropeos son creados todos ellos en respuesta a la creencia equivocada de
que el Estado se ha sometido al capital global y no puede seguir políticas que
contradicen los objetivos de los intereses financieros globales. En consecuencia, se
requieren movimientos supranacionales o pan-nacionales. Claramente
consideramos que ese tipo de razonamiento es falso. Y también lo hace
Robert Tombs, como se describe en su artículo del Financial Times citado
anteriormente. Empieza con:
La soberanía nacional hace mucho tiempo fue relegada a la basura de la historia. Los días son para los grandes imperios, y no para los pequeños estados ", proclamó Joseph Chamberlain, secretario colonial de Gran Bretaña, en 1902. Hoy, cada uno de esos grandes imperios se ha ido, y los pequeños estados permanecen. Sin embargo, la creencia de Chamberlain ha demostrado ser tenaz. Algunos de los jóvenes acólitos imperialistas de Chamberlain continuaron predicando el mensaje, apoyando el federalismo europeo en su vejez.
La soberanía nacional hace mucho tiempo fue relegada a la basura de la historia. Los días son para los grandes imperios, y no para los pequeños estados ", proclamó Joseph Chamberlain, secretario colonial de Gran Bretaña, en 1902. Hoy, cada uno de esos grandes imperios se ha ido, y los pequeños estados permanecen. Sin embargo, la creencia de Chamberlain ha demostrado ser tenaz. Algunos de los jóvenes acólitos imperialistas de Chamberlain continuaron predicando el mensaje, apoyando el federalismo europeo en su vejez.
Todo el desastre
que es la Eurozona (y la Unión Europea) se basa en el razonamiento erróneo de
Chamberlain. Señala que el
ejercicio de la soberanía nacional "fue responsable de la guerra
mundial", mientras que "los sistemas supranacionales... mantendrían
la paz".
El "Proyecto
Europeo", después de la Segunda Guerra Mundial, era un ambicioso plan de
integración europea para garantizar que no se produjeran más conflictos
militares a gran escala en el territorio continental europeo, precisamente
porque existía la idea de que la persecución de sus propios objetivos por los
Estados nacionales individuales predispondría a los continentes a la guerra.
Al principio, el
"Proyecto Europeo" comenzó en un momento en que las naciones
avanzadas habían adoptado un amplio consenso de política económica keynesiana
con gobiernos comprometidos a mantener el pleno empleo. Como resultado, lo
que ahora identificamos como los fallos del neoliberalismo estaban ausentes y
la pérdida de soberanía, que era la consecuencia de la integración temprana,
era mínima y no planteaba problemas.
Robert Tombs
también nos recuerda que estos pasos hacia la integración política en Europa:
....es el resultado, no la causa,
de una paz creada por los estado-nación democráticos que aplastaron la Alemania
nazi y crearon la OTAN.
Fue la
determinación de Francia de crear estructuras institucionales que impidieran a
Alemania invadirla de nuevo la que inició el viaje hacia una Unión Europea.
Francia veía una
Europa integrada como una forma de consolidar un papel dominante en los asuntos
europeos pero, al mismo tiempo, estaba decidida a ceder la menor soberanía
nacional posible para alcanzar estos objetivos. Francia también
estaba resentida por la influencia que los Estados Unidos ejercían en Europa,
en particular a través del Plan Marshall, que intrínsecamente vinculaba a
Alemania Occidental con los Estados Unidos.
Francia nunca tuvo
la intención de ceder su estatus monetario a una autoridad supranacional en
Bruselas. Eso llegó mucho más tarde y sólo una vez que las ideas monetaristas
infestaron a los aspirantes a políticos, burócratas y banqueros centrales
franceses.
El historiador
Tombs nos recuerda cosas que olvidamos continuamente:
Los esquemas imperialistas y
federalistas han chocado todos ellos contra la soberanía nacional y la democracia,
las dos caras de la misma moneda política.
Es decir, fundamentalmente
rechazamos los esquemas que nos quitan la voz y hacen que el poder vaya más
allá de aquellos que elegimos como nuestros representantes.
Richard Tombs
señala a este respecto que, si bien el "Imperio Británico fue el creador
del mundo moderno, sus miembros abandonaron el imperio" tan pronto como
pudieron "para afirmar su soberanía nacional sobre los acuerdos coloniales
o poscoloniales. Incluso las
naciones más pobres luchan por liberarse de los lazos coloniales o históricos
con otras naciones. Por eso la UE es,
en palabras de Tombs, un "notable logro político", que:
...era persuadir a la mayoría de
los europeos -que en algunos casos habían luchado por su soberanía nacional- de
que esta soberanía ya no importaba, que era una ilusión, que podía ser
"mancomunada" con seguridad dentro de la UE, y que de todos modos
intentar ejercerla traería desastres.
Yo matizaría esa
evaluación tan significativa. Los primeros pasos
hacia la integración se basaron en el plan siderúrgico y la Política Agrícola
Común (PAC). La PAC, en particular, comprometió claramente la soberanía
nacional, pero los franceses consideraron que era un plan astuto conseguir que
los excedentes industriales alemanes subvencionaran a los agricultores
franceses, relativamente improductivos, dado que el grupo de presión rural en
Francia era políticamente muy poderoso.
Francia quería
proteger a los agricultores franceses y Alemania quería ampliar su mercado de
exportación industrial. Para alcanzar sus objetivos, los alemanes acordaron
conceder subvenciones a través de la PAC a los agricultores franceses: una
tensión que sigue siendo persistente. Sin embargo, la
viabilidad administrativa de la PAC exigía un entorno cambiario muy estable, ya
que había que mantener una multitud de precios agrícolas en toda la Comunidad.
Una vez que los estados
miembros se quedaron encerrados en la PAC, también quedaron atrapados en la
imposibilidad de llevar a cabo la tarea de mantener tipos de cambio fijos. El marco alemán se
convirtió en la moneda más fuerte en los años sesenta del siglo pasado, a
medida que crecía su fortaleza exportadora, lo que puso a Francia e Italia bajo
una presión constante de devaluación y estancamiento interno y socavó la PAC. Los diversos
acuerdos para mantener paridades fijas entre las monedas europeas fracasaron en
gran medida debido a los diferentes puntos fuertes de exportación de los estados
miembros.
Pero en vez de
tomar la opción sensata y abandonar el deseo de tipos de cambio fijos, los
líderes políticos europeos aceleraron la transición a una moneda común cuando
el sistema de Bretton Woods se derrumbó en 1971. Las lecciones del fiasco de
Bretton Woods no fueron aprendidas.
No se puede decir
que la aceleración de la presión política para conseguir una moneda común haya
sido lograda por la UE "persuadiendo a la mayoría de los europeos"
para que renuncien a la soberanía nacional. Como documento en
mi libro de 2015 La Distopía del Euro, hicieron a los
ciudadanos tragarse la Unión Monetaria a la fuerza, ya que no sólo fueron
engañados por los políticos pro-UE y sus seguidores, sino que también se les
negó el derecho a votar directamente a favor del cambio.
Cuando se firmó el
Tratado de Roma modificado el 7 de febrero de 1992, que introdujo la ley de la
Unión Monetaria Europea, la opinión popular se apartaba del concepto de
Maastricht. Andre Szász, ex
jefe del banco central holandés, escribió en su libro de 1999 The Road to European Monetary Union (El camino hacia la Unión
Monetaria Europea), que el último intento de asegurar el acuerdo de la élite
política europea sobre la Unión Monetaria Europea(UME) "no había conseguido
atraer a sus electores". El público en
general tenía la sensación de que se avecinaba un gran cambio, pero ignoraba
casi por completo cuáles serían las implicaciones de ello. La arrogancia de
las élites políticas fue tan grande que pensaron que el proceso de
ratificación, que variaba de un país a otro, sería relativamente rápido y que
el Tratado podría entrar en vigor el 1 de enero de 1993. La hibris generalmente suele
llevar a conclusiones erróneas.
Dinamarca fue la
primera nación en pasar por el proceso de ratificación a través de un
referéndum nacional, lo que desafortunadamente para las élites políticas
significaba que el pueblo tendría voz y voto en la UME. El resultado fue un
desastre para los defensores de la UME. Hubo una participación del 82,9% de los
votantes con derecho a voto, pero sólo el 49,3% votó a favor.
Andre Szász comentó que la decisión del gobierno danés de distribuir medio millón de ejemplares
del Tratado ("un gran número"), para una población de 5 millones, solo sirvio para "convencer a los electores de que se les pedía que
contrajeran obligaciones incomprensibles, incluso indescifrables para ellos". En respuesta, la UE
ofreció a Dinamarca varias salidas, lo que significaba que no tendrían que
renunciar a su soberanía monetaria.
El 3 de junio de
1992, el día después de que los daneses rechazaran la primera votación, el presidente
Mitterrand anunció que Francia celebraría un referéndum el 20 de septiembre de
1992 para ratificar el Tratado. Mitterrand logró una
victoria de lo más reñida con un 51,1 por ciento a favor en una participación
del 69,7 por ciento, el llamado "petit
oui". Podría detallar más
sobre esto y así lo hice en mi libro de 2015.
El resultado es que
el proceso de ratificación no ha reforzado positivamente las maniobras
políticas que se habían producido desde la publicación del Plan Delors en 1989.
Hubo incertidumbre, disensión y, en retrospectiva, una sensación de premonición
de lo que estaba por venir.
Richard Tombs
señala que "el año pasado, el pueblo británico decidió, por una pequeña
mayoría, asumir un riesgo... su recién reivindicada soberanía ", que él
considera un concepto bastante "confuso e intangible". Sin embargo, tiene
algunos aspectos claros. Piensa que
"los votantes de Brexit consideran el voto popular directo como la máxima
expresión de soberanía... aunque la mayoría de nosotros probablemente
aceptaríamos que el consenso popular es su esencia".
La pregunta que
plantea es si esto es:
¿... una soberanía borrosa,
simplemente un mito político anticuado? A menudo se nos dice que en el
"mundo global de hoy" la soberanía nacional carece de sentido a
medida que las fronteras se vuelven irrelevantes y los poderes cambian hacia
organismos internacionales y no estatales. Este es seguramente un dogma
ideológico más que una observación desapasionada. La cantidad de poder que los
estados pueden ejercer incluso sobre las grandes fuerzas económicas es
considerable, y ciertamente mucho mayor que en el pasado.
Documenta la forma
en que los estados conservan el poder:
1. “En la mayoría
de los países, el estado representa casi la mitad del producto interior bruto
", por lo que el gasto público es crucial para la prosperidad actual.
El gasto de inversión
es un componente relativamente pequeño (aunque volátil) del gasto total. El
estado siempre puede compensar las fluctuaciones en el gasto no gubernamental
si lo desea, pero lo contrario no es cierto.
2. “La flexibilización
cuantitativa ha demostrado la importancia de la soberanía monetaria “; de
hecho, ha demostrado que los bancos centrales pueden controlar los rendimientos
de la deuda pública a cualquier nivel que elijan. Y la inferencia
lógica es que los bancos centrales pueden financiar cualquier déficit fiscal de
cualquier tamaño si lo desean. Y los gobiernos, de hecho, ni siquiera necesitan
emitir deuda para poder incurrir en déficit. Eso es lo que la gran crisis
financiera demostró a cualquiera que quisiera mantener los ojos abiertos.
¡Es lo que los
defensores de la Teoría Monetaria Moderna (TMM) han estado argumentando desde
el principio!
3. “Los pequeños
estados prosperan: son los grandes actores, los que se enfrentan a problemas
fundamentales. Incluso en la estimación más baja, los poderes residuales de los
estados soberanos son de gran importancia”.
En este sentido,
Richard Tombs discute la crisis en la UE, donde se afirmó que la UME resolvería
"los problemas de soberanía y poder nacional aunando los primeros para
aumentar los segundos".
Como concluye
Tombs:
Pero la solución evidentemente no
está funcionando. Para muchos países miembros, sobre todo Grecia, España e
Italia, la puesta en común de la soberanía nacional ha tenido consecuencias
sociales, económicas y políticas devastadoras. Al igual que un agujero negro
político, la UE aspira a la soberanía de sus estados miembros, pero la reserva
de soberanía se agota. Si la soberanía confiere el derecho reconocido a tomar
una decisión definitiva, ¿quién tiene ese derecho en la UE?
La UE es
disfuncional porque, al tomar soberanía monetaria esencial de los estados
miembros, los arquitectos neoliberales se negaron a crear una función de armonización
a nivel federal. Ninguna economía
monetaria puede sostenerse a sí misma en prosperidad sin que haya una potente función
fiscal a cargo del emisor de la moneda. Se trata de una visión básica de la TMM
y las pruebas lo han demostrado una vez más.
Al negarse a crear
tal función, la UE es en gran medida un país sin timón.
Tombs concluye
diciendo:
Quizás en unos pocos años las
élites europeas reconozcan que el federalismo ha demostrado ser un callejón sin
salida, y que la mejor esperanza de Europa es una asociación de naciones
democráticas soberanas unidas no por "directivas", sino por la
solidaridad de los vecinos. Pero no contengan la respiración.
Nadie debería
contener la respiración en ese punto.
Las élites
políticas de la UE han demostrado que están dispuestas a devastar el bienestar
de las naciones más débiles y de sus ciudadanos, antes que admitir su fracaso y
evitar todo el ridículo espectáculo.
En términos más
generales, el neoliberalismo ha tratado deliberadamente de promover la opinión
de que el estado-nación es ahora impotente. Los partidarios del
neoliberalismo han perseguido un proceso de despolitización, como un aspecto
esencial de su deseo de ganar un mayor control del capital global. Esto ha llevado a
políticas que han restringido la soberanía nacional existente y los mecanismos
democráticos populares. El objetivo: aislar
las políticas macroeconómicas de la impugnación popular y eliminar cualquier
obstáculo que se interponga a los intercambios económicos y a los flujos
financieros.
Pero la idea de que
la globalización había dejado al estado cada vez más impotente frente a las
fuerzas del mercado, promovido sistemáticamente por los neo-liberales y
engullido “el anzuelo y el sedal” por la izquierda, debería verse como un
componente del programa de adoctrinamiento ideológico que instituyó la derecha.
El proceso, que en
general y erróneamente, se enmarcó como
un desplazamiento del estado al mercado, fue acompañado por un feroz ataque a
la idea misma de la soberanía nacional, cada vez más vilipendiada como reliquia
del pasado. Más pronto que
tarde, la izquierda fue cautivada por este mito. Pero un escrutinio
más profundo revela que el estado no ha sido dominado por el mercado.
El neoliberalismo
no ha supuesto un repliegue del estado, sino más bien una reconfiguración del estado,
con el objetivo de situar las elites dominantes de la política económica bajo
el control del capital financiero. Piensen en cómo se
ha introducido la agenda neoliberal. Es evidente,
después de todo, que el proceso de neoliberalización no habría sido posible si
los gobiernos -y en particular los gobiernos socialdemócratas- no hubieran
recurrido a una amplia gama de herramientas para promoverlo: la liberalización
de los mercados de bienes y capitales; la privatización de los recursos y los
servicios sociales; la desregulación de las empresas, y los mercados
financieros en particular; la reducción de los derechos de los trabajadores
(primero y ante todo, el derecho a la negociación colectiva) y, de manera más
general, la represión del activismo sindical; la reducción de los impuestos
sobre el patrimonio y el capital, a costa de las clases medias y trabajadoras;
el recorte de los programas sociales, etc.
Estas políticas se
aplicaron sistemáticamente en todo Occidente (y se impusieron a los países en
desarrollo) con una determinación sin precedentes y con el apoyo de todas las
principales instituciones internacionales y partidos políticos.
Incluso la pérdida
de la soberanía nacional invocada en el pasado, y que sigue siendo invocada hoy
en día, para justificar las políticas neoliberales es en gran medida el
resultado de una limitación voluntaria y consciente de los derechos soberanos
del Estado por parte de las élites nacionales. Las diversas políticas adoptadas
por los gobiernos occidentales para este fin incluyen:
(1) reducir el
poder de los parlamentos frente al de las burocracias ejecutivas;
(2) hacer que los
bancos centrales sean formalmente independientes de los gobiernos, con el
objetivo explícito de subyugar a estos últimos a la "disciplina basada en
el mercado";
(3) la adopción del
objetivo de inflación como enfoque dominante en la formulación de políticas del
banco central, un enfoque que hace hincapié en la baja inflación como objetivo
principal de la política monetaria, con exclusión de otros objetivos de
política, como el pleno empleo; y
(4) adoptar
políticas reguladoras de gasto público, deuda como proporción del PIB, competencia,
etc., limitando así lo que los políticos pueden hacer a instancias de sus
electores;
(5) subordinar los
departamentos de gastos al control de las tesorerías;
(6) la adopción de
nuevos sistemas de tipos de cambio fijos, que limitan severamente la capacidad
de los gobiernos para ejercer control sobre la política económica; y, quizás lo
más importante,
(7) ceder las
prerrogativas nacionales a instituciones supranacionales y burocracias supraestatales
como la Unión Europea.
La razón por la que
los gobiernos decidieron voluntariamente "atarse las manos" está
demasiado clara: como el caso europeo personifica, la creación de
"restricciones externas" autoimpuestas permitió a los políticos
nacionales reducir los costes políticos de la transición neoliberal -que claramente
implicaba políticas impopulares- mediante el "chivo expiatorio" de
las normas institucionalizadas y de las instituciones
"independientes" o internacionales, que a su vez se presentaron como
un resultado inevitable de las nuevas y duras realidades de la globalización.
Conclusión
La próxima vez que
oigas a alguien repetir la versión de la izquierda estándar que dice que el
estado está muerto, larga vida a los movimientos internacionales, paneuropeos o
pan-lo que sea, piensa en estos puntos:
1. ¿Por qué las
corporaciones y los banqueros de inversión gastan tanto tiempo y dinero
presionando a los legisladores?
2. ¿Por qué hay
tanta presión a favor de los conocidos "Mecanismos de Resolución de Disputas
de Inversiones" (ISDS/ICS) en los llamados "Tratados de Libre
Comercio"?
3. ¿Por qué las
corporaciones hacen ruido cuando sus contratos gubernamentales están en riesgo?
4. ¿Por qué las
corporaciones financieras se rasgan las vestiduras cuando los mercados de deuda
públicos se debilitan a medida que los gobiernos amortizan la deuda vencida y
no emiten nuevos bonos (cuando están en superávit)?
Y podríamos
continuar con un sinnúmero de preguntas de este tipo.
La izquierda fue llevada
a pensar que el estado-nación es impotente. La derecha era más inteligente.
Sabían que tiene que cooptar el poder del estado para sus propios fines y
sistemáticamente han estado trabajando hacia ese fin, temiendo que si los
ciudadanos se enteran alguna vez de lo que realmente está sucediendo, el poder
del estado será recuperado por todos nosotros.
De eso se trata el
Proyecto de Recuperación del Estado.
Convocatoria a la gira de conferencias de Recuperar el
Estado
Aquí está el programa
para nuestra promoción de libros y gira de conferencias a finales de septiembre
y principios de octubre.
- Jueves 21 de Septiembre: Kansas City (ConferenciaMMT)
- Viernes 22 de septiembre: Kansas City(conferencia MMT)
- Lunes 25 de septiembre:Brighton (acto paralelo a la Conferencia Anual del Partido Laborista Británico)
- Martes 26 de septiembre: Londres - Lanzamiento formal del libro - Organizado por Pluto Press.
- Miércoles 27 de septiembre: Berlín.
- Jueves 28 de septiembre: Madrid
- Viernes 29 de septiembre: Madrid. Salón de Actos, Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad Autónoma de Madrid, 12:30
- Sábado: 30 de septiembre Roma
- Domingo 1 de octubre: Ferrara Festival di Internazionale
- Lunes 2 de octubre: Milán - Presentación en el Festival de la Cultura de Milán
- Martes 3-5 de octubre: Helsinki
- Viernes 6 de octubre: París
Próximamente se
publicarán los horarios específicos y más detalles.
(c) Copyright 2017 William Mitchell. All Rights
Reserved.
Traducción de Sandra Soutto y David Hervás.
Publicado y traducido con autorización del autor.