Fracking: fractura geológica, fractura económica, fractura ecológica y fractura social…
Por José Anastasio Urra Urbieta (*)
En geología, hydrofracking, o
fracking de manera abreviada, es un término anglosajón para referirse a la
técnica de fracturación hidráulica para la extracción de hidrocarburos no
convencionales, fundamentalmente gas natural no convencional, el laureado shale gas o gas de esquistos, que no es
otra cosa que metano.
Básicamente, el fracking consiste en la
extracción de ese gas natural no convencional mediante la fracturación de la
roca madre poco o nada porosa, fundamentalmente esquistos de pizarras, donde se
aloja de forma muy fragmentada y dispersa. Para extraer las incontables
microburbujas de metano atrapadas en las formaciones de esquistos de pizarras se
utiliza una técnica de perforación mixta: primero se perfora a gran
profundidad, hasta unos 5.000 metros, en vertical, y posteriormente, a partir
de ese pozo, se perfora varios kilómetros, entre 2 y 6, en horizontal. Una vez
realizadas la perforación vertical y horizontal, se inyecta por ellas agua con un
alto porcentaje de arena (hasta un 98%) y una serie de aditivos químicos (hasta
un 4%) a gran presión, lo que provoca que la roca madre se fracture y las
microburbujas de metano se liberen y asciendan a la superficie a través del
pozo vertical. El proceso se repite perforando vertical y horizontalmente a lo
largo de toda la veta de roca rica en gas, lo que genera que parte de la mezcla
inyectada vuelva a la superficie en forma de residuo (entre un 15% y un 85%),
además de dejar la litosfera de la zona de perforación como un queso gruyere.
Desde el punto de vista económico, la explotación del gas de esquisto
mediante fracking se puede considerar
toda una fractura económica, además de la geológica, pues en la actualidad se
puede afirmar sin lugar a dudas que se trata de una práctica no rentable
económicamente.