Activista proMMT en Bulgaria (Teoría Monetaria Moderna)
Por David Hervás, economista.
Durante el siglo
XVI, en los tiempos de aquel Imperio Español en el que decían que no se ponía
el sol, se vivió en España un agudo proceso inflacionario, la llamada revolución de los
precios, motivada por la entrada de oro y plata proveniente de América en
la península ibérica y cuya consecuencia fue la ruina de las incipientes
industrias locales, que dejaron de ser competitivas, llevando a la miseria a gran parte
de la población menesterosa.
Aquel fenómeno económico desconocido antes de esa época, provocó una respuesta por parte de ciudadanos respetables, que alarmados, dirigían memoriales al Rey proponiéndole medidas que consideraban oportunas para solucionar la crisis. Sin embargo, la producción de memoriales resultó tan inflacionaria como la moneda y estos ciudadanos recibieron el nombre despectivo de arbitristas, siendo denostados por intelectuales de la época, como Quevedo, que los satirizó en varios pasajes de sus obras.
No obstante, de entre estos memorialistas destacan algunos que han sido reivindicados como precursores de la ciencia económica posterior, como Luis Ortiz, Tomás de Mercado, Martín de Azpilicueta o Sancho Moncada, ya que acertaron en su diagnóstico acerca del origen de la inflación. Lo más sorprendente es que estos heterodoxos eran clérigos, confesores o profesores de Universidades cuyo pensamiento hay que encuadrar dentro de la escolástica, es decir dentro de la cultura oficial de la época. Fueron los precursores de la teoría cuantitativa del dinero, formulada en el contexto de una moneda vinculada a la cantidad de metales preciosos en circulación, ya que entonces la moneda estaba acuñada en dichos metales o era canjeable por una cantidad de oro o plata.
En nuestros días vivimos una crisis global tan grande como en el siglo XVI, aunque en un contexto diferente: el dinero ya no es redimible en ningún metal, ya que nuestra moneda es fiduciaria, y la crisis que sufrimos no es inflacionaria sino deflacionaria. Sin embargo, como en aquellos tiempos, la figura del memorialista o arbitrista ha reaparecido en el Imperio de nuestros días, los Estados Unidos de América, en la figura de Warren Mosler .
Aquel fenómeno económico desconocido antes de esa época, provocó una respuesta por parte de ciudadanos respetables, que alarmados, dirigían memoriales al Rey proponiéndole medidas que consideraban oportunas para solucionar la crisis. Sin embargo, la producción de memoriales resultó tan inflacionaria como la moneda y estos ciudadanos recibieron el nombre despectivo de arbitristas, siendo denostados por intelectuales de la época, como Quevedo, que los satirizó en varios pasajes de sus obras.
No obstante, de entre estos memorialistas destacan algunos que han sido reivindicados como precursores de la ciencia económica posterior, como Luis Ortiz, Tomás de Mercado, Martín de Azpilicueta o Sancho Moncada, ya que acertaron en su diagnóstico acerca del origen de la inflación. Lo más sorprendente es que estos heterodoxos eran clérigos, confesores o profesores de Universidades cuyo pensamiento hay que encuadrar dentro de la escolástica, es decir dentro de la cultura oficial de la época. Fueron los precursores de la teoría cuantitativa del dinero, formulada en el contexto de una moneda vinculada a la cantidad de metales preciosos en circulación, ya que entonces la moneda estaba acuñada en dichos metales o era canjeable por una cantidad de oro o plata.
En nuestros días vivimos una crisis global tan grande como en el siglo XVI, aunque en un contexto diferente: el dinero ya no es redimible en ningún metal, ya que nuestra moneda es fiduciaria, y la crisis que sufrimos no es inflacionaria sino deflacionaria. Sin embargo, como en aquellos tiempos, la figura del memorialista o arbitrista ha reaparecido en el Imperio de nuestros días, los Estados Unidos de América, en la figura de Warren Mosler .
