Escrito por: Alberto Martínez
Miembro de Attac y la campaña NO
al TTIP/CETA/TISA
Los defensores del CETA repiten una y otra vez
los mismos argumentos sin presentar ninguna evidencia que los avale. Son
simples consignas faltas de rigor al no estar refrendados por la realidad del
texto del tratado. O no lo conocen o son cínicos sin ningún tipo de pudor.
Machacan con el argumento de los
valores compartidos entre la UE y Canadá. ¿Cuáles son esos valores? En Canadá
están autorizados los transgénicos sin etiquetar en la alimentación humana, en
la UE, no. En Canadá, la agricultura industrial con utilización masiva de
pesticidas, muchos de ellos prohibidos en la UE, es la norma, frente al modelo
europeo basado fundamentalmente en pequeñas y medianas explotaciones familiares
o de cooperativas. En Europa funciona el “principio de precaución”. En Canadá
la “gestión del riesgo”...
El 70% de mineras mundiales son
canadienses, y no hay más que fijarse en el ejemplo de Corcoesto para adivinar
la oleada de demandas ante los famosos tribunales de arbitraje del ICS (Investment
Court System) que nos caerían cuando el gobierno central, los gobiernos
autonómicos o municipales quisieran poner trabas de algún tipo a la actividad
de dichas empresas. Además, la mayoría de empresas canadienses son filiales de
transnacionales de EEUU, por lo que el CETA sería de hecho la puerta trasera
que utilizarían las mismas para beneficiarse del ICS.
Cuando dicen que es un tratado
progresista, ¿a qué se refieren? El capítulo de empleo y desarrollo sostenible
no cita en ningún momento el principio de precaución consagrado en el Tratado
de Lisboa de la Unión Europea. Los derechos laborales no son vinculantes y por
tanto ejecutables de forma efectiva ante ningún tribunal. La resolución de los
posibles incumplimientos se deja a la buena voluntad de las partes, sin
obligaciones concretas
