Por José Anastasio Urra Urbieta (*)
La ciencia, el conocimiento y la tecnología, que son las herramientas sobre las que podríamos, y deberíamos, apalancar el formidable cambio sin precedentes al que nos enfrentamos, en la actualidad están siendo controladas políticamente, mercantilizadas y presas de un oportunismo exacerbado.
Resulta sorprendente comprobar la generalización de instituciones
mundiales y personas que entonan el mantra del crecimiento económico,
sin considerar sin embargo las restricciones físicas de tal crecimiento
en una biosfera finita y limitada, como solución a todos los males
socioeconómicos de nuestro tiempo, desde empresarios, gobiernos y
políticos a personas votantes de todas las tendencias políticas en todos
los territorios, pasando por los principales sindicatos mayoritarios.
No menos asombroso resulta el creciente número de instituciones y
personas que, ante los problemas socioeconómicos y ecológicos que
atravesamos, confía casi ciegamente, en alarde de verdaderos actos de
fe, en la ciencia, el conocimiento y la tecnología como motores de ese
crecimiento y piedra filosofal frente a todas las penurias y retos.
Sin embargo, si consideramos los grandes retos a los que nos
enfrentamos, el cambio climático antropogénico, la sobrecarga de los
ecosistemas, y la crisis energética, y, al tiempo, el estado actual de
la ciencia, el conocimiento y la tecnología, estamos jodidos, doblemente
jodidos.