Sandra Soutto. Economista.
La construcción de vivienda en España ha sido el motor de la economía creando puestos de trabajo directos e indirectos, atrayendo mano de obra extranjera y estimulando el consumo mediante el endeudamiento con crédito fácil y aparentemente barato. De esta forma se movieron grandes cantidades de dinero en beneficio del sector financiero hasta el estallido de la burbuja inmobiliaria. Desde entonces el mercado no puede absorber la oferta de viviendas vacías disponibles, el sector financiero no facilita el crédito necesario para el consumo, los obreros no tienen trabajo y ya no pueden hacer frente al pago de sus hipotecas.
Entonces
llego la pobreza, por fin comprendimos lo que era una hipoteca: la
casa resultó que era del banco, y luego vinieron los desahucios y
los suicidios. De acuerdo con los datos del Banco de España el 86%
de las viviendas en nuestro país eran de propiedad frente al 14% que
se disfrutaba en alquiler o cesión, así que nos acostamos en un
país de propietarios, y nos despertamos siendo el país de los
desahucios.