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23 de febrer del 2015

Creación monetaria y la crisis en Europa


Alejandro Nadal. Consejo científico de ATTAC


Las negociaciones entre Syriza y el grupo de ministros de finanzas del Eurogrupo han desembocado en una extensión de cuatro meses del programa de rescate. El mayor número de concesiones de importancia correspondió al gobierno griego. El primer ministro Alexis Tsipras tendrá que explicar a sus electores que el programa de austeridad no se puede aniquilar en unos cuantos días. De todos modos, por las negociaciones que vienen, la moneda (debe ser un euro) todavía está en el aire.
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Lo que está en juego no es poca cosa. En las últimas semanas los intentos de intimidación por parte de los halcones de la austeridad fiscal se multiplicaron. El objetivo era doblegar a los líderes del nuevo gobierno griego y forzarlo a aceptar continuar con el nefasto ‘memorándum’ firmado por el anterior gobierno en Atenas. Dicho documento contiene las medidas de austeridad (por ejemplo, superávit primario de 4.5 por ciento a partir de 2016) y demás elementos de la condicionalidad (reducciones de salarios, pensiones y privatizaciones a marchas forzadas justo cuando los precios de activos están en el piso).
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El programa de austeridad y reformas estructurales que le ha sido impuesto a Grecia sólo ha logrado intensificar la depresión económica. El colapso ha sido brutal y la deuda como proporción del PIB ha crecido (alcanzó ya 170 por ciento). Nadie piensa que el programa de ajuste llevará a Grecia a reducir el nivel de su deuda a 120 por ciento para 2020).

El debate en el que se encuentra enfrascada la Unión Europea y la eurozona es ahora de naturaleza política. Lo que está en juego es el tipo de proyecto social que se va a construir en Europa. Y por ese motivo, más que nunca, urge un análisis de economía política sobre los orígenes y naturaleza de la crisis en Europa. Sólo así se puede alcanzar más claridad en el deslinde de responsabilidades y en las nuevas reglas para controlar la voracidad del capital financiero. Y solamente con un análisis más certero se podrá convencer al electorado a redibujar el paisaje político de Europa, paso necesario para abrir vías alternativas para el desarrollo social.
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Hasta ahora ha seguido dominando una visión simplista y equivocada sobre los orígenes de la crisis. La mejor expresión se encuentra en los enunciados de los ministros de finanzas de Alemania y Holanda, Schäuble y Dijsselbloem (hoy jefe del Eurogrupo): los bancos prestaron a los griegos los ahorros de los demás y ahora hay que pagar esa deuda. 
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Pero esta visión está equivocada. La idea de que los bancos son unos simples intermediarios está basada en una teoría macroeconómica equivocada y en un análisis erróneo sobre el funcionamiento del sistema bancario. Nos referimos a la teoría sobre “fondos prestables” y al análisis que atribuye a los bancos el simple papel de intermediarios entre ahorradores y demandantes de “capitales”.

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La teoría de los fondos prestables (TFP) es admitida en toda la teoría macroeconómica del establishment, aunque sean muy pocos los autores que explícitamente lo reconocen. Fue creada en 1934 por Dennis Robertson y ha sido objeto de fuertes debates. Al día de hoy, desde los vulgarizadores Mankiw y Krugman, hasta los más sofisticados textos de Woodford, la TFP domina la visión macroeconómica ortodoxa sobre el papel de los bancos en una economía capitalista. Esta es la interpretación que casi todos en el mundo académico aceptan, es también la visión con la que la aplastante mayoría de la población en Europa se va a dormir todas las noches.

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Para describir la TFP podemos recurrir a un relato sencillo que sigue los lineamientos de un texto de Krugman. En una economía hay gente que es paciente y hay gente impaciente. Los primeros ahorran y los segundos toman prestados esos ahorros para sus proyectos (de consumo e inversión). Los ahorros se convierten en fondos prestables: hay unas entidades, llamadas bancos, que fungen como intermediarios entre esos dos grupos de personas. La tasa de interés se determina en el mercado de esos fondos prestables.

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Todo esto suena lógico, pero es falso.