Nuño Jiménez Walter
La
ley estrella del PP, ha devenido en soledad parlamentaria, pero
también el Consejo de Estado le ha dado la espalda a la eliminación
de la asignatura de educación para la ciudadanía, como así
recomienda el Consejo de Europa, al igual que la incorporación de una tercera hora de Educación Física a la que esta ley hace caso omiso,
incluso va más allá al eliminar de facto la Educación Física de
los planes de 2º de bachillerato.
Esta
ley, sancionada dos días antes de la celebración de la fiesta
nacional, es quizá, la ley más antipatriota que haya podido
existir, por no apoyarla ningún partido más que el que gobierna,
por ir contra el ámbito competencial del Estado de las Autonomías,
no dejandolas proponer contenidos ni continuar con la inmersión en
su lengua autóctona, por ir contra el espíritu democrático, en
especial respecto a las direcciones de los centros, y por ir contra
los tiempos que corren, en un momento en que los seminarios se vacían
por una laicidad que consagra la constitución, mientras la nueva ley
incorpora la religión como asignatura equiparada a matemáticas para
la media final que da acceso a la carrera escogida o a una beca, con
un marcado sesgo ideológico propio de tiempos pretéritos, mezclando
lo moral con lo estríctamente académico.
La segregación que instaura
esta ley es multilateral, al discriminar por sexo y religión en los
centros que así lo establezcan al poder ser subvencionados por el
Estado, algo que no consagra ni la constitución, ni las sentencias
judiciales. Segregación, así mismo, al no ofrecer igualdad de
oportunidades con unas reválidas que clasifican en tres ocasiones a lo
largo de la educación obligatoria, no detectando errores más que
para hacer abandonar de los estudios a quienes se desvíen o no
tengan oportunidades alternativas para costearse los estudios,
especialmente en 3º de ESO, sin posibilidad de obtener el Graduado
de ESO. Con ello, se desvía prematuramente a gran parte del alumnado
a una FP que se la denigra e infravalora sin los recursos que tanto
necesita. Hoy día, finalizando 4º de ESO, gran parte no obtiene
plaza en FP y al menos ahora disponian de la oportunidad de seguir
formándose en centros de secundaria, algo que no ocurrirá a partir
de ahora en esa edad crítica que son los 16 años, lo que les empuja
forzosamente a un mercado laboral esclerotizado y desregulado
salvajemente por la última Reforma Laboral.
La segregación es también
económica, se traduce en una reducción de 3.000 a 2.000 millones
destinados a educación anualmente desde la llegada de Wert, con una
financiación para la nueva ley de 1.300 millones que pretende
sustituir a otra dotada con más de 5.300 millones, estando muerta
antes de nacer. Si a ello se le añade que CCAA como Andalucía,
Cataluña, País Vasco o Canarias retardarán o recurrirán su
aplicación en lo posible, y que la mayoría de la oposición se
compromete a derogarla a la menor oportunidad, tira por tierra
cualquier atisbo de un sistema educativo estable y duradero en
décadas, como cualquiera que se precie en democrácia.
Se recordará a esta ley de
educación, como aquella que no potenció las enseñanzas del futuro,
como las ciencias de la información, ni hizo pensar al eliminar la
filosofía y la historia, o desecha las enseñanzas artísticas. La
que no incorporó la necesaria educación del consumidor y
financiera, dotando de formación en derechos frente a los fraudes
comerciales y financieros, en un país en donde estos proliferan. O
la que obvia una verdadera
educación del ocio orientada a crear hábitos de vida saludable, que
suponga un ahorro sanitario y una mejora del bienestar social, lo que
redunda en mayor productividad pero también uso saludable del tiempo
libre frente al abismal desempleo rampante.
Por último, el aumento en
becas anunciado por Wert, choca frontalmente con las restricciones
que él mismo establece para su acceso, lo que provoca realmente que
o bien unos pocos reciban mayor cantidad en detrimento de la mayoría
o que se enjuague, en realidad, con el aumento de las tasas, por lo
que no supondrá más que una puerta giratoria que retorna esos
recursos al propio estado y no permite una verdadera igualdad de
oportunidades para todos y todas, como se consagra en esta ley
fallida de partida en cada punto y cada coma.
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