Sandra Soutto. Economista
España
necesita un nuevo modelo económico que permita a la sociedad mejorar
su calidad de vida, entendida ésta como el bienestar individual y
comunitario de sus integrantes, que incentive la cooperación, la
solidaridad y la preservación de la Naturaleza.
Este
nuevo modelo no puede estar, como el actual, basado en el crecimiento
económico, pues, lejos de alcanzar la pretendida cohesión social,
hemos conseguido la exaltación del individualismo consolidado en el
principio de competencia que busca la satisfacción personal, con el
único fin de conseguir más dinero para alimentar el consumo de
necesidades artificiales. Lo que ha provocado el asentamiento social
de una forma de vida esclava.
Con
modelos que persiguen el crecimiento económico tampoco hemos
conseguido unos servicios públicos fuertes que garanticen los
derechos humanos a la ciudadanía; en su lugar, la creciente
privatización de los servicios básicos (sanidad, educación,
transporte, gestión de la electricidad, del agua, etc.), ha
provocando la condena a la exclusión social de una gran parte de la
sociedad.
Estos
modelos, desde los años 80, se han basado en:
- la financiarización de la economía que ha incentivado la especulación,
- la mercantilización de los bienes comunes con fines puramente especulativos, y
- la creación de burbujas financieras que acentúan las desigualdades sociales durante su auge, y que cuando pinchan provocan un aumento de la pobreza.
Todo
ello a costa del deterioro del medio ambiente, y el agotamiento de
los recursos naturales, manifestándose la escasez de estos recursos
con la subida desmesurada de sus precios.