El Consejo de Asuntos Exteriores
de la Unión Europea (UE) se reunirá el próximo viernes 13 de mayo, para entre
otras cosas, hacer balance de las negociaciones que se llevan a cabo con EEUU
sobre la Asociación Transatlántica de Libre Comercio e Inversiones, también
conocido por sus siglas en inglés como TTIP, cuya 13ª ronda ha concluido
dejando textos pendientes de consolidar por no haber conseguido llegar a un
acuerdo.
Uno de los temas en discordia es
el acceso al mercado de la contratación pública, los aranceles y el
"mercado" de los servicios, donde EEUU protege su mercado nacional
con mecanismos como el Buy American,
frente a la UE, que pretende la apertura total del suyo, de manera que
mercancías y capitales circulen libremente a través del Atlántico, para rebajar
los precios y conquistar un mercado de 800 millones de consumidores.
Si como ha ocurrido en otros
sectores finalmente se acuerda "el reconocimiento mutuo", en el
mercado competirán productos similares con diferentes precios y calidades.
Indudablemente ésta es una competencia suicida, ya que si el mercado europeo no
es capaz de producir más barato, los productos estadounidenses arropados por
las ayudas gubernamentales y las economías de escala de las multinacionales, hundirán
la economía europea.
Será en la siguiente ronda de
negociaciones, prevista para julio de 2016, donde se espera avanzar en la consolidación de los textos, la
regulación normativa y la contratación pública.
Pero, como ya se ha dicho, el
próximo viernes 13 el Consejo de Asuntos Exteriores también se reúne para
estudiar la forma de ratificar y de cómo poner en práctica el Acuerdo Económico
y Comercial negociado con Canadá, conocido por sus siglas CETA, para el otoño
que viene. Otro tratado de "libre comercio" muy parecido al TTIP, de
cuyas negociaciones nada hemos sabido hasta que finalizaron con el acuerdo de
26 de septiembre de 2014, actualmente pendiente de ratificación por los estados
participes del acuerdo.
Este viernes 13 puede ser un
viernes negro para los ciudadanos europeos y canadienses si el Consejo decide
ratificar el CETA y autoriza su puesta en práctica de forma provisional, ya que
promoverá la proliferación de otros tratados de similares características, que
ni son libres ni de comercio, como hemos podido comprobar con las filtraciones
de documentos a las que hemos tenido acceso recientemente, y por la amarga
experiencia que nos ha dejado el NAFTA (otro tratado de comercio e inversiones
para América del Norte), que ha producido importantes pérdidas de puestos de
trabajo en los Estados implicados (México, Canadá y EEUU), la apropiación de
importantes partidas del gasto presupuestario canadiense, a través del pago de
indemnizaciones millonarias propiciado por un sistema de resolución de conflictos
instrumentado por las grandes multinacionales. Mientras que en México ha
producido el éxodo de millones de trabajadores agrícolas hacia la temporalidad
y la precariedad, con el consiguiente aumento de los flujos migratorios, de la
explotación de mujeres y niños a través de las maquilas, completándose el
triste panorama con el pavoroso y mortífero auge del crimen organizado al Sur
del Río Bravo.
Este viernes 13 puede ser un
viernes negro, si el Consejo europeo de Asuntos Exteriores hipoteca los derechos
reconocidos por las Naciones Unidas y los Tribunales Internacionales a favor de
los inversores extranjeros, que no son otros
que las multinacionales.
Este viernes 13 puede ser un
viernes negro si se adoptan resoluciones que impidan a los Estados garantizar
los derechos humanos de sus ciudadanos y se impulsa un modelo económico
competitivo que favorece la concentración de la riqueza y de los recursos en
pocas manos, la explotación de los más desfavorecidos y el deterioro del medio
ambiente.
Este viernes 13 puede ser un viernes negro si se menoscaban nuestros derechos laborales, el derecho a un trabajo decente, a una sanidad pública y universal, a una educación de calidad al alcance de todos, a la soberanía alimentaria..., en definitiva, a la soberanía de nuestros pueblos.
Este viernes 13 puede ser un viernes negro si se menoscaban nuestros derechos laborales, el derecho a un trabajo decente, a una sanidad pública y universal, a una educación de calidad al alcance de todos, a la soberanía alimentaria..., en definitiva, a la soberanía de nuestros pueblos.
Pero este viernes 13 puede ser un
gran día si Estados como Grecia, Rumanía o Bélgica se oponen al CETA, como han
manifestado públicamente sus dirigentes. Si lo hacen habrán dicho "sí,
pero..." y abrirán una grieta en el muro en el que las demandas de
millones de ciudadanos europeos se han ido estrellando desde que empezó la
campaña contra el TTIP y el CETA.
Este viernes 13 puede ser un gran
día si no se ratifica el CETA, pero habrá que seguir luchando y explicar que
estos tratados ni son de comercio, ni son libres: son una transferencia de
poder a las empresas multinacionales.
Sandra Soutto
