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14 de setembre del 2014

ECONOMÍA DE LA FELICIDAD



















Hasta los más ortodoxos defensores de la economía capitalista de mercado elaboran índices de bienestar alternativos al PIB. Fuente: The Economist



















CARLOS JAVIER BUGALLO SALOMÓN
Licenciado en Geografía e Historia

Diplomado en Estudios Avanzados en Economía

 
Los economistas académicos tienen dos formas de considerar la utilidad que proporcionan los bienes y servicios económicos. Una es la medida del grado de satisfacción de los deseos o preferencias; y la otra como felicidad, que es el enfoque fundado por Bentham en el siglo XIX, con su ‘cálculo de felicidad’, en el cual de suman los placeres y se sustraen las penas.1



En cuanto a la felicidad, siempre ha estado entre los grandes objetivos de la humanidad. Los más tempranos mitos de la humanidad, el mito del paraíso y el de la edad de oro, diseñan un estado feliz.2 Y ya en la época contemporánea, se ha considerado que promover la felicidad es una de las principales exigencias éticas que el individuo demandará a la sociedad y al Estado. Incluso se llega a hablar de la felicidad como underecho establecido’. Así, en el preámbulo de la Declaración de Independencia de los EstadosUnidos (4 julio 1776), la búsqueda de la felicidad figuró entre los derechos inalienables del hombre, entendida como bienestar del individuo y prosperidad de la humanidad.3



La meta de la felicidad aparece por todas partes; no sólo en las religiones, en la legislación o en la filosofía, sino también en la poesía. Por ejemplo, Píndaro (el gran poeta de la Grecia clásica) dejó testimonio en sus versos de las siguientes ideas:



  • La dicha de cada día siempre se presenta como bien sumo...” (Olímpica I).
  • La dicha reside en poseer salud, bienes suficientes y fama (Olímpica V).
  • Los caminos de la felicidad son muchos (Olímpica VIII)
  • No hay dicha sin esfuerzo (Pítica XII)
  • La felicidad no depende de tener muchas riquezas, sino de saber gozar de los bienes presentes (Nemea I)
  • Es imposible alcanzar la felicidad completa (Nemea VII).4


Puede observarse que el pensamiento de Píndaro se diferencia claramente con respecto de la concepción moderna de la felicidad, basada en el hedonismo o búsqueda del placer como fin absoluto, ya que el tipo de felicidad que él propone -y que podríamos denominar de ‘heroica’-, depende del logro de la fama a través del esfuerzo.



Por lo tanto, no hay una teoría de la felicidad que todos admitan por igual.5 La tesis de que la felicidad es lo único bueno resulta demasiado general si no se precisa su contenido concreto. Este contenido varía de acuerdo con las relaciones sociales que lo determinan, y a cuyos intereses responde. Es lo que vemos, al cifrarse la felicidad en la contemplación en la sociedad esclavista griega, o en la posesión de dinero en la sociedad burguesa moderna. Resulta así que la felicidad no puede concebirse como algo abstracto al margen de unas condiciones sociales dadas, y que estas condiciones no favorecen u obstaculizan la felicidad en general, sino una felicidad concreta.6