por Eparquio Delgado (1)
¿Qué es lo que desearías para tus hijos/as? Aunque cada familia tiene
sus valores, la mayoría estaríamos de acuerdo en lo básico: que
nuestros hijos/as crezcan sanos, que sepan resolver las dificultades que
se encuentren en la vida, que sean buenas personas y, en definitiva,
que sean felices. Cualquiera que lea el preámbulo de la LOMCE
(Ley Orgánica 8/2013 de diciembre, para la mejora de la calidad
educativa) puede compartir su espíritu en gran medida. Yo también pienso
que “el aprendizaje en la escuela debe ir dirigido a formar personas
autónomas, críticas, con pensamiento propio”, que “el sistema educativo
debe contar con los mecanismos necesarios para reconocer [el talento] y
potenciarlo” y que “el reto de la una sociedad democrática es crear las
condiciones para que los alumnos y alumnas puedan adquirir y expresar
sus talentos”. ¿Cómo iba a ser de otra forma?
Esta semana he conocido por la prensa que “los colegios canarios podrán impartir “Educación Emocional” desde el curso 2014-2015”.
La asignatura, denominada EMOCREA (Educación Emocional y para la
Creatividad), pretende valorar los aspectos emocionales y creativos en
la educación integral del alumno, lo que resulta realmente interesante.
Muchas personas pensamos que la educación no debe estar enfocada
solamente a la adquisición de conocimientos teóricos, sino que también
debe enseñar al alumnado valores democráticos, herramientas para
enfrentarse a los problemas de la vida cotidiana y aprendizajes
dirigidos a aumentar su bienestar y la gestión de los conflictos. En ese
sentido, la incorporación de una asignatura como EMOCREA puede ser un
buen paso.
¿A QUÉ BIENESTAR ASPIRAMOS?
No creo que la mayoría pueda sostener hoy en día que eso que llamamos
felicidad o bienestar se pueda reducir al consumo de bienes materiales,
pero tampoco parece asumible que pensemos que se puede (y se debe)
buscar el bienestar emocional sin cubrir al menos las necesidades
básicas. Ni felices por tener un coche más grande ni bienestar desde la
precariedad y la pobreza. En ese sentido, antes de introducir una
asignatura como EMOCREA en el currículum académico, sería lógico saber
si la inmensa mayoría del alumnado tienen sus necesidades materiales
cubiertas. Es ahí cuando la hipocresía sale a la luz.
Este país tiene el dudoso honor de ser el segundo de la Unión Europea con mayor tasa de pobreza infantil (1), sólo superado por Rumanía. Hablamos de unos 2.500.000 de niños/as en riesgo de pobreza,
de un 40% de niños/as de entre 11 y 17 años que no desayunan o sólo
toman un vaso de leche o una pieza de fruta de lunes a viernes, una tasa
de pobreza que alcanza ya al 29,9% de los/as menores. Vivimos en una
país en el que la Defensora del Pueblo ha tenido que hacer un llamamiento a las comunidades autónomas
para que abran los comedores escolares en verano y así evitar que un
elevado número de niños y niñas pase HAMBRE durante las vacaciones. En
Canarias, la tasa de pobreza alcanza a más de uno de cada cuatro hogares (2) ,
donde más de la mitad de las familias tienen “mucha dificultad” para
llegar a fin de mes, una situación de emergencia social que afecta
principalmente a menores, jóvenes y personas mayores.
¿De qué estamos hablando cuando usamos la palabra “bienestar”? No
cabe duda de que las intenciones de los autores de la propuesta son de
lo más loable cuando nos dicen
que “la asignatura pretende que los niños conozcan sus propias
emociones y aprendan a ajustarlas para que no les desorienten y para
poder dar una respuesta responsable a lo que sucede a su alrededor”. La
cuestión es si resulta legítimo e incluso aceptable que nos dispongamos a
enseñar a los niños y niñas a a regular sus emociones cuando se les
niegan las necesidades más básicas.
LA FELICIDAD NO ES NEUTRAL
La propuesta de la asignatura de EMOCREA sería fantástica en una
realidad en la que cualquier alumno/a supiera que puede aspirar a tener
un futuro porque se ha garantizado la igualdad de oportunidades, donde
no faltara la alimentación, la ropa y el calzado necesarios, el
transporte y la posibilidad de acceder a una beca de estudios para que
no se pierda ese talento. Una sociedad que garantizara que todo ese
esfuerzo se verá recompensado en el futuro con un empleo digno y unas
condiciones de vida mínimamente decentes. Una sociedad que entendiera
que el bienestar no puede separarse de unas adecuadas condiciones de
vida. De otra manera, estaremos creando un país de precarios felices y
satisfechos, de personas en situación de exclusión social a pesar de
tener empleo (los nuevos “trabajadores pobres”)
más preocupadas por sentirse bien que por vivir en condiciones dignas. Y
lo peor es que parece ese es el objetivo de esa asignatura y de la
propia LOMCE.
El texto de la ley nos deja claro cuál es el camino: encauzar ese
talento hacia trayectorias que faciliten la empleabilidad y estimulen el
espíritu emprendedor (es decir, aumentar la capacidad de los/as
trabajadores/as para adaptarse a las circunstancias que demande el
mercado laboral en cada momento y encauzarles hacia la puesta en marcha
de su propio negocio). Los ideólogos de la asignatura EMOCREA nos explican que se trata de una “revolución” para
que “los alumnos afronten los nuevos retos del aprendizaje y se adapten
a las demandas de una sociedad compleja y convulsa”, en un mercado en
el que “las empresas requieren a sus trabajadores seguridad en sí
mismos, autonomía, capacidad de trabajo en equipo y ven en estas
cualidades una relación directa con la productividad”.
Lo siento mucho, pero muchas personas aspiramos a otro sistema
educativo, con otros valores y otros fines. No queremos un sistema
educativo que enseñe a nuestros/as hijos/as a ser más “adaptables” a la
precariedad y a controlar sus emociones en cualquier situación, sino
todo lo contrario. Hace falta cambiar el sistema educativo para poner en
marcha una educación que transmita valores democráticos, que enseñe a
los/as niños/as a identificar que una parte de su enfado y su
frustración provienen de un sistema que les impide desarrollar su
talento en igualdad de condiciones con otros niños/as de familias más
pudientes, que enseñe pensamiento crítico para que no sean engañados por
el bombardeo de la publicidad y los informativos, para que elijan su
propio camino e identifiquen a los que los condenan a la pobreza y a
formar parte de esa “juventud sin futuro”. Si queremos hacer una
revolución en la educación, tomemos las medidas necesarias para
que Canarias salga de la lista de las comunidades con mayor tasa de abandono escolar y que España deje de un de ser el país de la UE con mayor tasa de fracaso escolar.
Sin esos requisitos, una asignatura que pretenda enseñar a
nuestros/as hijos/as que existe el bienestar al margen de la realidad
sólo estará creando una nueva generación de personas más preocupadas de
sentirse bien que de cambiar las circunstancias que les condenan al
sufrimiento. Si queremos niños/as y adultos más felices, pongamos
primero las condiciones para que lo puedan ser.
Notas:
(1) España es el segundo país de la UE con más pobreza infantil, superado sólo por Rumanía. El Mundo, Madrid. 27-03-2014.
(2) Canarias, cuarta comunidad en tasa de pobreza, con un 28,4 %. Cadena SER, Las Palmas, 27-05-2014.
Notas:
(1) España es el segundo país de la UE con más pobreza infantil, superado sólo por Rumanía. El Mundo, Madrid. 27-03-2014.
(2) Canarias, cuarta comunidad en tasa de pobreza, con un 28,4 %. Cadena SER, Las Palmas, 27-05-2014.
Publicado con permiso de el autor. http://www.eparquiodelgado.com/
(1)Eparquio Delgado (Tenerife, 1979) es licenciado en Psicología por la
Universidad de la Laguna y Master en Psicología Clínica y de la Salud. Ejerce como psicólogo en La Orotava, Tenerife.
Como delegado de Izquierda Unida, logró que la coalición aprobara en su X Asamblea Federal de diciembre de 2012 una Resolución de rechazo a la homeopatía y las terapias pseudocientíficas . Video: http://youtu.be/BBglZIlsCl4
Es autor del libro Los libros de autoayuda ¡vaya timo!
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