¿Por qué el neoliberalismo surge más fuerte que nunca después de
siete años de crisis? Buena pregunta. Y no existe hoy una respuesta
satisfactoria por una razón fundamental. Es que la crítica al
neoliberalismo descansa en un postulado equivocado: es la idea de que el
capital busca reducir el ámbito de influencia del Estado, de quitarlo
del camino y hasta de eliminarlo. Muchos encuentran prueba de lo
anterior en la ola de privatizaciones y en la eliminación de controles
regulatorios para todo tipo de actividades.
Ese postulado proviene de la idea de que el mercado y el
Estado son antitéticos. Pero desde hace mucho la historia y la
antropología revelaron que las economías de mercado nacieron a través de
una fuerte intervención del Estado y sus agencias. Sólo la mitología de
los economistas sigue afirmando que primero fue el trueque y después,
espontáneamente, nació el mercado.
Es necesario criticar esta premisa y reemplazarla con una
nueva perspectiva: el capital financiero no está destruyendo el Estado,
sino que lo está reconfigurando y reorganizando para que responda a sus
necesidades e intereses. Esta idea proporciona una matriz analítica más
rica y se acerca más a lo que está aconteciendo en el mundo.
Hoy tenemos muchas señales indicando cómo el
neoliberalismo está construyendo un nuevo Estado. La primera, quizás la
más obvia, es la degradación de la vida política. Aquí el síntoma más
claro es el predominio del dinero sobre los votos. Las campañas
electorales están sometidas a una circulación monetaria que va de los
intereses corporativos más descarados a las grandes cadenas de los
medios masivos, pasando por la compraventa de candidatos. Las instancias
encargadas de organizar y supervisar elecciones están desbordadas o
simplemente forman parte de este gran teatro. El ‘mercado electoral’
dejó de ser, hace mucho, una simple metáfora.
Lo anterior marca el deterioro del llamado ‘poder’
legislativo. Los congresos y parlamentos han dejado de funcionar con la
meta de defender y cultivar el interés público. Pero eso no quiere decir
que han dejado de funcionar. Al contrario, de manera activa los
miembros del poder legislativo desempeñan una función de agencias del
capital financiero y del neoliberalismo: votan sus leyes contrarias al
interés público, erigen nuevas barreras regulatorias en contra de
competidores no deseados y, sobre todo, bloquean cualquier iniciativa
que pudiera acrecentar el poder ciudadano.
La segunda señal es la concentración de poder económico y
la desigualdad. Las grandes corporaciones, nacionales e
internacionales, tienen hoy una capacidad nunca antes vista para
organizar espacios económicos alrededor de sus intereses y estrategias
de expansión. Su tamaño, grado de diversificación y de integración les
da acceso a muy fuertes economías de escala y de alcance. Eso les
permite adoptar todo tipo de comportamientos estratégicos, desde la
segmentación de mercados hasta la manipulación de precios para
transferir rentabilidad a lo largo de la cadena de valor. Todo eso
conduce a la enorme concentración de poder en todas las ramas de la
producción a escala mundial.
Frente a las grandes corporaciones las comisiones
regulatorias de los gobiernos no desaparecen. Simplemente se
refuncionalizan y adoptan la misión de servir a estas gigantescas
empresas para legitimizarlas. El síndrome de las puertas revolventes (1) es
una expresión de todo esto. Y cualquiera que se haya escandalizado
frente a los abusos del sector financiero o que haya participado en la
lucha contra los organismos genéticamente modificados puede dar
testimonio de lo anterior.
La desigualdad económica y la concentración del ingreso
son el telón de fondo de la acumulación bajo el neoliberalismo. Y eso
necesita una nueva y más potente capacidad represora. Por eso tenemos la
tercera señal: el extraordinario crecimiento del aparato de seguridad
del Estado. Las funciones de represión directa y de espionaje se han
reorganizado y hoy se encuentran en el corazón de múltiples agencias a
nivel nacional o regional, muchas veces con fuertes vínculos con la
delincuencia organizada.
Todo lo anterior se acompaña de un hecho fundamental: la
desmovilización de la ciudadanía. Si el voto no es respetado y si el
parlamento es corrompido, carece de sentido ir a las urnas el día de las
elecciones. Por eso el abstencionismo es el partido mayoritario en todo
el mundo y parece confirmar la idea de que es inútil tratar de
recuperar el control sobre la vida política. Los abusos de los bancos o
de los fabricantes de comida chatarra (2) se convierten en una fatalidad que
hay que sufrir cotidianamente. Al final del camino los ciudadanos se
transforman en consumidores (de todo tamaño) o en átomos de una materia
prima llamada fuerza de trabajo.
El bloqueo y ataque en contra de la democracia no debe
ser confundido con la reducción del tamaño del Estado. La izquierda debe
tomar nota: estamos frente a un esfuerzo concertado para erigir un
nuevo sistema en el que la democracia no tiene cabida.
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NOTAS:
(1) Con la expresión "puertas revolventes" el autor se refiere a lo que en castellano se conoce como "puertas giratorias". Dos enlaces de interés son:
http://es.wikipedia.org/wiki/Puerta_giratoria_%28pol%C3%ADtica%29 y
http://en.wikipedia.org/wiki/Revolving_door_%28politics%29
(2) En España usamos más la expresión comida basura. http://es.wikipedia.org/wiki/Comida_basura
Articulo publicado en La Jornada: http://www.jornada.unam.mx/archivo_opinion/index.php/autor/front/46/44759
ATTAC
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excepto cuando son firmados por la propia organización
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NOTAS:
(1) Con la expresión "puertas revolventes" el autor se refiere a lo que en castellano se conoce como "puertas giratorias". Dos enlaces de interés son:
http://es.wikipedia.org/wiki/Puerta_giratoria_%28pol%C3%ADtica%29 y
http://en.wikipedia.org/wiki/Revolving_door_%28politics%29
(2) En España usamos más la expresión comida basura. http://es.wikipedia.org/wiki/Comida_basura
Articulo publicado en La Jornada: http://www.jornada.unam.mx/archivo_opinion/index.php/autor/front/46/44759
ATTAC, asociación sin ánimo de lucro, denuncia que el pasado 5 de
noviembre fue publicada en el BOE la Ley 21/2014, de 4 de noviembre,
por la que se modifica el texto refundido de la Ley de Propiedad
Intelectual, aprobado por Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de
abril, y la Ley 1/2000, de 7 de enero, de Enjuiciamiento Civil, en
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