Frédéric Viale es abogado, economista, miembro del consejo científico de ATTAC France y estuvo este mes de agosto en Benicàssim participando en el Foro Social del Rototom Sunsplash 2015 en un mesa de debate sobre el TTIP. A su regreso a Francia publicó este artículo como contribución al debate interno de ATTAC sobre la Unión Europea y la moneda única.
Por una nueva estrategia de Attac
por Frédéric Viale
Julio de 2015: la imposición a Grecia por los miembros del Eurogrupo de la continuación de una política de austeridad que los griegos habían rechazado es una lección política, y sería bueno que Attac, miembro del movimiento social, supiera extraer conclusiones. La acción, los objetivos, el discurso mismo de la asociación han de tener en cuenta la realidad que se le impone. Es la democracia, fundamento de nuestra convivencia, la que es brutalmente atacada. Esto no es nuevo, pero ahora se nos presenta de una manera tan clara que no podemos continuar como si no pasara nada.
La
"crisis griega" no es una crisis, y no es sólo griega.
La crisis de Julio de 2015 no es una crisis, porque
no constituye para nada una ruptura. Simplemente, los sucesos de julio de este
año nos muestran la Unión Europea tal como es en verdad: una máquina
de castigar, antidemocrática, concebida para impedir todo avance
progresista, sea cual sea la voluntad de los pueblos. A partir de ahora está
claro que la Unión Europea sirve a ciertos intereses limitados, contra las
poblaciones, verdaderos enemigos interiores a quienes hay que prohibir toda perspectiva de cambio, por muy modesto
que sea.
Esta crisis no es sólo griega, porque todos los
pueblos están implicados: las demandas de Syriza se inscribían en el léxico
moderado del keynesianismo. La idea de que no es razonable aplastar a un país
bajo políticas de austeridad si se quiere que verdaderamente se recupere es
compartida incluso por los menos revolucionarios. Además, es esta idea la que permitió
a Alemania obtener una cierta reestructuración de su deuda impagable en 1952.
Con el acuerdo impuesto por el Eurogrupo en julio, no se trataba de poner
remedio a las dificultades griegas, sino de aplastar un gobierno de izquierdas,
realmente un poco progresista, pero demasiado para aquellos que no lo son en
absoluto. Lo que ha pasado en julio es una advertencia política dirigida a los
pueblos por los gobiernos conservadores y socialdemócratas: no hay alternativa.
Y la Unión Europea es el medio de llegar a imponer esta idea
Varias consecuencias podemos extraer: la Unión
Europea es el problema, no la solución; no hay un espacio político europeo; en consecuencia,
algunas de nuestras movilizaciones tienen que ser repensadas.
La
Unión Europea es el problema, no la solución.

