Randall Wray. ENGLISH
Nuestra conferencia Mission Oriented Finance Mission explora cómo orientar la financiación hacia lo que
Hyman Minsky llamó “el desarrollo en capital de la economía”, definido en un sentido
amplio, para incluir la inversión privada, la inversión en infraestructuras
públicas y la inversión en desarrollo humano. (Para ver más, hay que pulsar aquí.)
Pero para entender cómo, hay que entender qué es el dinero y por qué
importa. Después de todo, las finanzas son el proceso por el que se pone el
dinero en manos de quienes están dispuestos a gastarlo.
La narrativa dominante es que el dinero “engrasa” las bielas del comercio.
Se podría, desde luego, hacer funcionar la máquina comercial sin dinero, aún
cuando –viene a decirse— funcionaría mejor con el lubricante del dinero.

Según ese cuento, el dinero fue creado como medio de intercambio: en vez de
cambiar tu plátano por su pescado, os ponéis de acuerdo ella y tú para usar conchas
de caracol como intermediario del trato. Con el tiempo, la evolución del dinero
incrementó la eficiencia seleccionando, sucesivamente, metales preciosos
brutos, monedas acuñadas de metales preciosos, papel-moneda respaldado por
metales preciosos y, finalmente, dinero fiduciario constituido por monedas
metálicas de base, billetes de papel y entradas electrónicas.
Sin embargo, eso nunca habría llegado a alterar la naturaleza del dinero,
que era la de facilitar el comercio de bienes y servicios. Como
celebérrimamente declaró Milton Friedman, a pesar de la complejidad de nuestra
moderna economía, todos los procesos económicos importantes están contenidos en
la sencilla economía, fundada en el trueque, de Robinson Crusoe.
El dinero no sería sino un “velo” que obscurecería esa sencilla realidad;
en el léxico convencional, el dinero puede ignorarse dada su “neutralidad”.
(Para los versados en teoría económica académica, basta referirse al teorema Modigliani-Miller y a la Hipótesis de los mercados eficientes, que probarían que
las finanzas son irrelevantes).
Sólo tendríamos que preocuparnos por el dinero cuando hay demasiado: la
otra tesis famosa de Friedman es que “la inflación es siempre y por doquiera un
fenómeno monetario”; demasiado dinero causa el incremento de los precios. De
aquí la preocupación que suscita la actual política de Flexibilización Cuantitativa de la Fed, que ha cuadruplicado el “dinero Fed” (las reservas) y
que, de todas, todas, debería estar causando una inflación masiva.
En este texto ofreceré una narrativa harto distinta, derivada de la idea de
Joseph Schumpeter, según la cual el banquero es el éforo del capitalismo.
Ver el dinero desde la perspectiva del intercambio resulta muy desconcertante
a la hora de entender el capitalismo.
En la historia de Robinson Crusoe, yo he obtenido un plátano y tú, un
pescado. ¿Pero cómo los obtuvimos? En el mundo real, los plátanos y los
pescados han de producirse, y la producción ha de ser financiada.
La producción comienza con dinero, el dinero necesario para comprar los
insumos, lo que crea ingreso monetario usado para comprar productos.
Como repetía mi mamá, “el dinero no crece en los árboles”. ¿Cómo consiguen
el primer dinero los productores? ¿Tal vez vendiendo productos? Lógicamente, es
un argumento de regreso infinito: un problema del huevo y la gallina. El primer
dólar gastado (por el productor o por el consumidor) tiene que venir de algún
sitio.
Hay otro problema. Aún si pudiéramos imaginar que la humanidad “recibió
maná del cielo” para empezar a poner en marcha la economía monetaria –digamos,
una dotación inicial de un millón de dólares—, ¿cómo explicamos los beneficios,
el interés y el crecimiento?
Si yo soy un productor que ha heredado 1000 dólares de maná y los he
gastado en insumos, no me sentiré feliz si consigo con las ventas sólo 1000
dólares. Quiero un rendimiento, quizá de un 20% (con lo que necesitaré 1200
dólares). Si soy un prestamista de dinero, prestaré 1000 dólares, pero también
querré 1200 dólares. Y todos nosotros querremos un pastel que crezca.
¿Cómo puede este millón inicial de maná doblarse y triplicarse?
Aquí es donde aparece el “éforo” de Schumpeter. Un éforo es “alguien que
supervisa”, y Schumpeter aplicó el término a los banqueros. No necesitamos
imaginar el dinero como una suerte de maná, sino que hemos de verlo más bien
como la creación de poder de compra controlada por el banquero.
Un productor que desee alquilar recursos somete una propuesta a la
consideración del banquero. Aunque el banquero estudiará su comportamiento
económico en el pasado, así como la riqueza por él ofrecida como colateral, lo
más importante para él será la probabilidad de que los proyectos del productor le
ofrezcan “garantías”. Si es así, el éforo avanzará un préstamo.
Más técnicamente, el banquero acepta el pagaré del productor y realiza
pagos a los suministradores de recursos (incluido el trabajo) inyectando
crédito en sus cuentas de depósito.
El pagaré del productor es el activo del banquero; los depósitos del banco
son su pasivo, pero son los activos de los tenedores del depósito
(suministradores de recursos).
Así es como realmente el dinero va a parar a la economía, no vía maná caído
del cielo, ni desde los friedmanianos “helicópteros lanzadores de dinero” de
los bancos centrales.
Cuando los depositantes gastan (tal vez en bienes de consumo, tal vez para
comprar insumos para sus propios procesos de producción), lo hacen con cargo a
sus cuentas y abono a las cuentas de los receptores.

En nuestros días, el grueso del “dinero” consiste en entradas a golpe de
tecla electrónica en los balances de los bancos.
Puesto que vivimos en un ambiente con muchos bancos, los pagos a menudo
entrañan al menos dos bancos. Los bancos compensan las cuentas con cargos
mutuos; o sirviéndose de depósitos en los bancos correspondientes. Sin embargo,
la compensación neta entre los bancos se hace normalmente en los balances del
banco central.
Como cualquier otro banquero, la Fed o el Banco de Inglaterra crean dinero
a “golpe de teclado”. El dinero del banco central tiene la forma de reservas o
billetes, creados para realizar pagos a clientes (bancos o tesoro nacional) o
para hacer compras por su propia cuenta (títulos del tesoro o títulos
hipotecariamente respaldados).
La creación de dinero por los bancos y por el banco central está limitada
por reglas básicas dimanantes de la experiencia, por criterios de garantías,
por reservas fraccionales de capital y por otras restricciones impuestas. Tras
el abandono del patrón oro, no hay límites físicos a la creación de dinero. No
hay límite físico ninguno para las entradas a golpe de tecla en los balances de
los bancos.

Percatarse de eso, resulta fundamental
para las cuestiones que tienen que ver con las finanzas. También resulta
aterrador.
Lo bueno del éforo schumpeteriano
es que siempre pueden suministrarse unas finanzas suficientes para la plena
utilización de todos los recursos disponibles a fin de apoyar el desarrollo de
capital de la economía. Podemos servirnos del golpe de tecla para llegar al
pleno empleo.
Lo malo del éforo schumpeteriano
es que podemos crear más financiación que la que puede usarse razonablemente.
Además, nuestros éforos podrían tomar malas decisiones sobre qué actividades
deberían ser financiadas a golpe de tecla.
Es difícil encontrar ejemplos de
creación excesiva de dinero en la financiación de usos productivos. El
principal problema es más bien que buena parte –y aun el grueso— de las finanzas
se crean para alimentar burbujas de precios. Y eso vale tanto para las finanzas
creadas por nuestros éforos bancarios privados como para nuestros éforos de los
bancos centrales.
El mayor desafío al que hoy nos
enfrentamos no es el de la falta de financiación, sino el de poder impulsar las
finanzas para promover tanto los intereses privados como el interés público, a
través del desarrollo de capital de nuestro país. Tal es el asunto principal de
nuestro Simposio Mission Oriented Finance.
Artículo original: Why Money Matters
Traducción: www.sinpermiso.info
Understanding Modern Money: The Key to Full Employment and Price
Stability (Elgar, 1998)
Money and Credit in Capitalist Economies (Elgar
1990).
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