Juan Bautista Esteve Ramos.
"TTIP: the winter is
coming... pero estamos preparados para pasar el invierno y volver a
vencerlo."
Soy pirata,
formalmente desde hace cinco años, antes ya lo era de espíritu, y
veo constantemente que la sociedad ningunea a la cultura: con falta
de lectura, con un masivo seguimiento televisivo a programas del
corazón o de prensa amarilla, y así varios ejemplos. Cada año,
autores de diversas ramas creativas ven que no pueden vivir de su
creatividad, mientras unos pocos son los súper-ventas de siempre.
Parece que creación cultural y fama deba ser una premisa a cumplir
para poder llegar a sentirte autor. Todo esto es culpa de una
educación deficiente que nos llevan décadas inculcando, cada vez
mas basada en la competitividad y en los negocios, que en la sociedad
y el respeto humano.
Sin embargo, hoy vengo a
hablar de una etapa interesante que todavía estamos viviendo. Una
etapa de cambios convulsos en la sociedad, una etapa que ya llaman la
"Era de la Información", y todo gracias a la nueva
herramienta al alcance de casi todos en occidente: Internet.
En 1999 empezó una
guerra. Ese año fue cuando Napster
apareció en el horizonte de internet, esa red de la que todos
querían saber mas, y las empresas querían sacar tanto más tajada
mejor. Pero en 1999, en un momento en que la expansión de la red
llegaba a su punto mas álgido (ahora sigue en expansión pero a
velocidades menores), nació la primera gran red de compartición de
datos. Dicha red se caracterizaba por permitir a los individuos a
llegar a contenidos de una forma más ordenada y regulada, con
buscador inclusive.
No era nuevo el hecho de
que se pudiera copiar a través de la red, se había hecho de mil
maneras distintas, pero cuando nació Napster, las alarmas se
dispararon. Ya no eran grupúsculos pequeños compartiendo un CD o
una película a través de su particular red de datos, eran miles de
usuarios compartiendo los mismos datos de forma pública, y lo que
pensaban las empresas que iba a ser un negocio redondo, se convirtió
en su peor pesadilla. Las empresas intermediarias, a la larga,
parecían destinadas a desaparecer. ¿Que podía ser un autor sin su
mánager? Ahora podía llegar a todas partes sin el. Por supuesto,
pensar en cambiar el modelo de negocio no era viable. No sabían si
con otro modelo podrían ganar mas. Mejor legislar, prohibir y
criminalizar. Al fin y al cabo el objetivo de éstas empresas siempre
ha sido el mismo. Idiotizarnos como consumidores obedientes,
donde la cantidad de productos a consumir la eligen ellos, así como
sus ventas.

