Imágen:'Dr. Strangelove, or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb', de Stanley Kubrick.
Santiago Galán. ATTAC España.
“La fluorización de nuestros preciados fluidos corporales, la mas grave
amenaza comunista de todos los tiempos” argüía el general Ripper,
mientras se fumaba un puro y bebía un vaso de agua de lluvia con hielo,
en el cenit de su cordura y locuacidad, ante un descolocado Capitan
Mandrake en Dr. Strangelove, uno de los relatos más esclarecedores de la
guerra fría…
Como la esperanza será lo último que perdí,
perfectamente podría encontrarme dentro de unos años contemplando una
visión de Kubrik sobre una proyección retrospectiva de los efectos que
tuvo el TTIP en los campos de batalla europeos.
Lo cierto es que a
pie de calle, según una encuesta que he realizado, poca gente sabe lo
que es el TTIP, lo cual choca con la aplastante lógica de que es aquello
que va a tener una mayor repercusión sobre cuestiones como la economía,
la sanidad, la alimentación, la salud, la política, la justicia y, al
fin y al cabo, sobre la práctica totalidad de nuestra realidad cotidiana
y mundana. A más de un pensador crítico neo-cartesiano le sonará a la
clásica teoría de la conspiración de investigación friki-perroflauta,
antítesis del principio de parsimonia o navaja de Ockham.
Esta
conspiración judeo-masónica tiene todos los ingredientes de éxito de
ventas: Una trama oscura con forma de acuerdo comercial que afecta a
cientos de millones de personas a ambos lados del Atlántico, su
negociación se realiza en secreto, sus consecuencias alcanzan a todos
los niveles de la sociedad, la economía, la política… Las filtraciones
son continuas alimentando el cotilleo, entonces… ¿por qué en la calle no
se habla de ello? Tras sesudas reflexiones llego a la siguiente
conclusión: Porque apenas sale en la tele o en la portada de los
prestigiosos tabloides de nuestro país aunque, afortunadamente, parece
que esto está cambiando.
