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15 d’agost del 2016

Declaración ante el Foro Mundial de Inversiones de UNCTAD, 17-21 de julio, Nairobi, Kenya

 
Ante la reciente avalancha de demandas de corporaciones en tribunales arbitrales contra nuestros países,
¡decimos YA BASTA!
Julio de 2016
Las organizaciones y redes de la sociedad civil que firmamos esta declaración expresamos nuestro rechazo al avance del poder de las empresas transnacionales, que se sustenta en los diferentes tratados de libre comercio e inversiones que existen actualmente en los países de toda América, y que se verán profundizados con el Tratado Transpacífico (TPP), el Tratado de Comercio e Inversiones Transatlántico (TTIP), el Tratado Comercial Canadá – Unión Europea (CETA), además del Acuerdo sobre el Comercio de Servicios (TISA). Sostenemos que estos tratados sólo consolidan el poder de las corporaciones en todo el mundo y en particular en los países adherentes, poniendo en jaque los derechos de los pueblos, así como la preservación del medio ambiente.

Actualmente, la mayoría de los países de nuestro hemisferio, desde Canadá hasta Argentina, están recibiendo de manera explosiva multimillonarias demandas por parte de corporaciones, a raíz de la puesta en vigor de ciertas regulaciones en favor del interés público o del medioambiente. Esto muestra el efecto nocivo que tiene el sistema de protección de las inversiones y el arbitraje internacional sobre las legislaciones nacionales.

El poder corporativo ha cristalizado en un sistema jurídico internacional que les reconoce derechos omnipotentes, abusivos y les garantiza un sistema de impunidad. Esto se plasma en la inclusión de las cláusulas de solución de controversias inversor-Estado, que da a los inversores la posibilidad de recurrir al sistema de arbitraje internacional en lugar de las cortes nacionales. Así, los inversores demandan a los Estados soberanos por millones de dólares ante “tribunales” arbitrales secretos y privados (CIADI del Banco Mundial, ICC, SCC entre otros) que funcionan lejos del alcance de la justicia local. Como contraparte, los gobiernos y ciudadanos no contamos con contrapesos jurídicos, ni con instancias internacionales ante las cuales demandar a las ETN ante la justicia cuando sus actividades violan los derechos humanos y ambientales, o cuando coartan medidas de políticas públicas para el interés general.

Los tratados de inversión y libre comercio atentan contra la posibilidad de los Estados de regular: las reglas de los Tratados de inversión y de libre comercio no son acordes con los derechos humanos y la protección del medio ambiente, ni respetan la capacidad soberana de los países de implementar políticas públicas responsables. Los TBI contienen cláusulas que limitan la capacidad para que los gobiernos receptores actúen en favor del fomento económico y el desarrollo sustentable, protejan el medio ambiente y la salud pública, defiendan a sus países de crisis financieras y hagan valer la primacía de los derechos humanos. Esta lógica se ha hecho evidente en casos resonantes como la demanda que la tabacalera Philip Morris interpuso contra el Uruguay a partir de una política de protección de la salud, argumentando que se violaba la propiedad intelectual de su inversión, derecho incorporado en el tratado de inversión Uruguay-Suiza.

18 de març del 2015

Los Estados Unidos del TTIP: Una super constitución de las Grandes Empresas para Europa.


Publicado el 12 de marzo de 2015 por Common Dreams
Escrito por Nick Dearden                                                                        ENGLISH 
Flag of the United Kingdom.svg
Traducido por Alberto Martínez. ATTAC-PV


El TTIP no debe ser visto como un "acuerdo comercial", sino como algo más cercano a una declaración de derechos corporativa que consagrará la autoridad de las multinacionales sobre los gobiernos, y colocará a las personas y el planeta aún más bajo su dominio.

El acuerdo comercial entre Estados Unidos y la UE, conocido como TTIP, no es otro acuerdo de libre comercio más. Es un fuero para las grandes empresas, que fuerza a los legisladores a defender los llamados "derechos" de los inversores por encima de cualquier otra consideración -derechos humanos, protección del medio ambiente, de rendición de cuentas democrática. Se trata de una constitución para la libre circulación de capitales.

Documentos filtrados de la Comisión Europea revelan que el TTIP será un “acuerdo vivo”, que continuará influyendo en las leyes incluso después de haber sido firmado. Si algo no se termina de definir en el texto final, los grupos de presión empresariales no tienen por qué preocuparse, porque la Comisión está trabajando para consagrar un papel más importante para ellos en el proceso de creación (o paralización) de las regulaciones.

26 de març del 2014

Necesitamos un nuevo modelo económico.




Sandra Soutto. Economista

España necesita un nuevo modelo económico que permita a la sociedad mejorar su calidad de vida, entendida ésta como el bienestar individual y comunitario de sus integrantes, que incentive la cooperación, la solidaridad y la preservación de la Naturaleza.

Este nuevo modelo no puede estar, como el actual, basado en el crecimiento económico, pues, lejos de alcanzar la pretendida cohesión social, hemos conseguido la exaltación del individualismo consolidado en el principio de competencia que busca la satisfacción personal, con el único fin de conseguir más dinero para alimentar el consumo de necesidades artificiales. Lo que ha provocado el asentamiento social de una forma de vida esclava.

Con modelos que persiguen el crecimiento económico tampoco hemos conseguido unos servicios públicos fuertes que garanticen los derechos humanos a la ciudadanía; en su lugar, la creciente privatización de los servicios básicos (sanidad, educación, transporte, gestión de la electricidad, del agua, etc.), ha provocando la condena a la exclusión social de una gran parte de la sociedad.

Estos modelos, desde los años 80, se han basado en:
  1. la financiarización de la economía que ha incentivado la especulación,
  2. la mercantilización de los bienes comunes con fines puramente especulativos, y
  3. la creación de burbujas financieras que acentúan las desigualdades sociales durante su auge, y que cuando pinchan provocan un aumento de la pobreza.
Todo ello a costa del deterioro del medio ambiente, y el agotamiento de los recursos naturales, manifestándose la escasez de estos recursos con la subida desmesurada de sus precios.