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16 de novembre del 2016

Los acuerdos comerciales tóxicos como el TTIP han dado oxígeno a Trump, pero podemos derrotarlos a ambos



Nick Dearden, Global Justice Now

Traducción: David Hervás




Acuerdos de comercio a favor de las multinacionales como el acuerdo entre los EEUU y la UE (TTIP) ha sido cínicamente explotados por Donald Trump para ganar la presidencia de los Estados Unidos. Ha utilizado esos acuerdos para demostrar que el sistema político ha sido corrompido por el mundo de los negocios. Pero Donald Trump no va a detener esta corrupción corporativa, sino que la va a empeorar.

El TTIP ya está muerto: le han dado muerte los millones de activistas europeos y estadounidenses que han hecho campaña en contra de ella durante los últimos 3 años. Esta campaña ha sido protagonizada por personas que creen en una sociedad abierta, igualitaria y democrática donde se incluye la diversidad y se respetan los derechos de todos. Nos opusimos al TTIP porque iba a ser malo para la gente común, cualesquiera que sean sus orígenes. Nos opusimos porque iba a erosionar aún más nuestra democracia y entregar el poder a los más ricos, es decir, a hombres de negocios como Donald Trump.

Son precisamente los multimillonarios como Donald Trump quienes se han lucrado con acuerdos como TTIP durante décadas. Donald Trump ha hecho su fortuna gracias al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), que ha devastado a las comunidades, ha bajado los salarios y privatizado los servicios públicos.

A pesar de su retórica, Trump cree plenamente en la desregulación, las privatizaciones y en poner los beneficios privados por delante de la gente. No es de extrañar que las cotizaciones de las acciones de algunas de las corporaciones más letales del mundo se hayan disparado tras la elección de Trump. Su política económica no ayudará a la clase trabajadora. Trump es una fuerza divisiva que destruirá a las comunidades y les hará más difícil defenderse de los intereses comerciales que representa. Las políticas de Trump no se basan en un comercio más justo, sino en la explotación de países extranjeros, con riesgo de tensiones internacionales y la exportación de los problemas económicos hacia otros países. Son precisamente estas políticas las que dieron origen a las guerras mundiales del siglo XX.

Los acuerdos comerciales como TTIP y CETA han dado oxígeno a Trump. La mejor manera de derrotarlo es eliminar ese oxígeno, deteniendo estos acuerdos comerciales y construyendo una economía democrática que funcione para todos.

Sabemos que los políticos ahora tienen más miedo de oponerse a acuerdos opuestos como el CETA, que actualmente está pendiente de ratificar por el Parlamento Europeo. Esta es exactamente la lección equivocada que debemos sacar de la elección de Trump. Para derrotar a las políticas de racismo y odio representadas por Trump y la extrema derecha en Europa, hacemos un llamamiento a los políticos para que apoyen políticas económicas que beneficien a la mayoría de las personas, que erradiquen la pobreza, creando empleos decentes, servicios públicos de buena calidad y que detengan cambio climático. El primer paso que deben tomar es votar para detener el CETA en las próximas semanas.

  
Esta declaración la pueden suscribir las organizaciones escribiendo a:  kevin.smith@globaljustice.org.uk



22 de febrer del 2016

280 organizaciones de Europa, Canadá y EEUU denuncian la inclusión de privilegios a los inversores extranjeros en TTIP



Ante la duodécima ronda de negociaciones del TTIP, 280 organizaciones de la sociedad civil europea, con el apoyo de grupos canadienses y de los EE.UU., han reclamado a la Comisión Europea y al Representante de Comercio de los EE.UU. la eliminación del Mecanismo de Resolución de Disputas entre Inversores Extranjeros y Estados (ISDS), y también, la eliminación de su sustituto, el llamado Sistema de Tribunal del Inversor (el ICS), del TTIP, del CETA y de cualquier otro tratado de comercio. Esta cuestión vuelve a la mesa de negociaciones después de un compás de espera de dos años.

Los firmantes de esta declaración condenan 'la redenominación' de la Comisión Europea del viejo ISDS, ya que el ICS también confiere un enorme poder para sancionar a los gobiernos nacionales cuando legislen con la intención de proteger la salud pública, el medio ambiente y la sociedad.

Las principales preocupaciones que motivaron a 145.000 encuestados a decir no al ISDS en la consulta abierta por la Comisión Europea sobre el TTIP permanecen sin resolver con el ICS: 

·  Tanto el ISDS como el ICS dan derechos exclusivos a los inversores extranjeros discriminando a los inversores nacionales y a la ciudadanía, sin que se haya demostrado que esto beneficie a la sociedad en su conjunto.

·  Tanto el ISDS como el ICS pueden forzar a los gobiernos a gastar miles de millones de euros de los contribuyentes para compensar a los inversores extranjeros por decisiones gubernamentales e incluso sentencias judiciales tomadas en beneficio de la salud pública, de los trabajadores, del medio ambiente y de cualquier otra política de interés público. Ni el ISDS ni el ICS permiten que prevalezca el interés público sobre el privado.

·   Ni el ISDS ni el ICS están sometidos a principios democráticos ni a control público, ni tampoco los parlamentos podrán legislar en contra de las decisiones que adopten a través de estos mecanismos.

· Tanto el ISDS como el ICS socavan la jurisdicción de los tribunales de los estados europeos, ya que los inversores extranjeros pueden saltárselo.

·  Ni el ISDS ni el ICS  tienen en cuenta que los sistemas legales europeos, canadiense y de los EE.UU. son perfectamente capaces de resolver las disputas con los inversores extranjeros aplicando las mismas leyes que se aplican al resto de la sociedad.

Fundamentalmente, el ICS es peor para los Estados miembros que la actual práctica impuesta por los tratados de inversión, de los cuales un Estado miembro puede retirarse, no afectando al resto de la Unión Europea, para la cual seguiría siendo vigente el tratado. Con el TTIP y con el CETA esto no sería posible para un Estado miembro, a no ser que decida abandonar la Unión Europea. 

Si se firma el TTIP, el mecanismo de resolución de disputas entre inversor extranjero y Estado (ISDS/ICS) permitirá que, entre 47,000 y 51,495 filiales estadounidenses en Europa ataquen las políticas sociales de la UE y de sus estados miembros.







LISTA DE ORGANIZACIONES ADHERIDAS:
 https://drive.google.com/folderview?id=0B5yvo-v5WdmrZGREbVB6UUo1Mk0&usp=sharing

2 de febrer del 2016

Controversias resultantes de la primera discusión organizada entre distintos ATTACs de Europea en torno a la cuestión de la integración europea y del euro



Traducción literal del apartado de conclusiones del resumen enviado a la lista europea por Peter Wahl (miembro de Attac Alemania), por Cristina Asensi.

"Creo que esta traducción contribuye a "democratizar" el debate haciendo fluir la información. Un debate que es urgente y necesario en Attac España para poder llevar el estado de la discusión adonde corresponda. Precisar también, en un ámbito ya externo a Attac, que los encuentros del Plan B para Europa de París (enero) y de Madrid (febrero) no se han organizado por las mismas personas ni se prevén desde la misma óptica, estando el encuentro de París, por su contenido, centrado más en la elaboración de alternativas monetarias y no explícitamente ligada a la reforma." Cristina Asensi.


Controversias:
Las principales controversias que emergieron en el debate fueron en torno a:
  El objetivo final del proceso de integración europea (la llamada “cuestión de la finalidad”),
  La reformabilidad de la UE,
El futuro del euro.
Acerca de la “cuestión de la finalidad” se expresaron dos posiciones:
Primera: La integración debe acelerarse, profundizando la integración política y teniendo incluso como objetivo final Los Estados Unidos de Europa, mientras que se continúa impidiendo proyectos dañiños como TTIP, CETA, etc. De otro modo, amenaza la vuelta a los Estados Nación del siglo XIX y XX. Dado el escenario de una transformación del sistema internacional hacia un mundo multipolar, una UE fuerte sirve de escudo contra grandes potencias como EEUU, China o Rusia.
Segunda: Ya hay demasiada integración. Lo necesario es un escenario de flexibilización interna y apertura hacia el mundo exterior. La flexibilización interna significa una desintegración selectiva, por ejemplo en relación a la moneda acompañada de una mayor integración en lo necesario, por ejemplo en relación con la política de energías sostenibles. Esto puede llevarse a cabo mediante políticas de “alianza de aquellos países que quieran” (alliance of the willing), es decir, formas que no sean ni centralizadas ni obligatorias para todos: “geometrías variables”. Abrirse al mundo exterior quiere decir establecer políticas de cooperación –en lugar de confrontación o dominación- con Rusia y el Sur del Mediterráneo. El establecimiento de los Estados Unidos de Europea sería transponer el antiguo nacionalismo estatal a una superpotencia europea y establecer nuevas formas de exclusión. En las condiciones de globalización actuales no hay peligro de que pueda producirse una vuelta a los estados nación del s.XIX. De hecho, la globalización ya está dominando y hasta cierto punto reemplazando la integración europea.
Sobre la cuestión de la “reformabilidad de la UE” se articularon las siguientes posiciones: 
  1. Es posible transformar la UE actual en una UE social, democrática y pacífica si hay bastante movilización desde abajo. Esto incluiría romper con los tratados.
  2. La orientación neoliberal es estructural a los tratados y queda blindada por ellos (“autoritarismo constitucional”). Los tratados solo pueden reformarse por unanimidad. Resulta utópico creer en una mayoría  política sincronizada en todos los países o en levantamientos populares sincrónicos en 28 Estados miembros al mismo tiempo. Por tanto, las posibles mayorías progresistas, sea en países únicos independientes, como Francia, Italia o Alemania, sea en alianzas de otros países, tienen que efectuar una ruptura con el resto.
Sobre el futuro del euro, las posiciones fueron:
  1. Aunque los países miembros del euro no son una “zona monetaria óptima”, dejar el euro acarrearía mayores costes económicos y sociales que mantenerlo. Continuarían las políticas neoliberales. El retorno a las monedas nacionales aumentaría la competencia y daría pie a la especulación con monedas. 
  2. El euro continuará agravando todo tipo de desequilibrios, incluyendo el abismo entre los países del centro y los de la periferia europea. Sea ahora o más adelante, los países tendrán que romper con el euro. Por ello, es mejor preparar una alternativa negociada y coordinada, para lo que hay distintas alternativas, que no se limitan a la vuelta a la moneda nacional. Por ejemplo, la propuesta Lapavitsas/Flassbeck contempla una propuesta mejorada del sistema de cesta de monedas previo a la introducción del euro. Otros proponen un sistema flexible con un euro común para las relaciones con el exterior y una moneda propia y sistema flexible para las relaciones en el interior. Otras ideas son el euro del norte y el del sur.
Hubo otras controversias, tal como la historia de la integración europea. Unos dijeron que el motivo inicial por el que surgió la UE fue el establecimiento de paz e internacionalismo, mientras que otros argumentaron que todo fue parte de una estrategia geopolítica durante la Guerra Fría. No obstante, este tipo de cuestiones parecen secundarias para el desarrollo de la estrategia futura de Attac.