2 de febrer del 2016

Controversias resultantes de la primera discusión organizada entre distintos ATTACs de Europea en torno a la cuestión de la integración europea y del euro



Traducción literal del apartado de conclusiones del resumen enviado a la lista europea por Peter Wahl (miembro de Attac Alemania), por Cristina Asensi.

"Creo que esta traducción contribuye a "democratizar" el debate haciendo fluir la información. Un debate que es urgente y necesario en Attac España para poder llevar el estado de la discusión adonde corresponda. Precisar también, en un ámbito ya externo a Attac, que los encuentros del Plan B para Europa de París (enero) y de Madrid (febrero) no se han organizado por las mismas personas ni se prevén desde la misma óptica, estando el encuentro de París, por su contenido, centrado más en la elaboración de alternativas monetarias y no explícitamente ligada a la reforma." Cristina Asensi.


Controversias:
Las principales controversias que emergieron en el debate fueron en torno a:
  El objetivo final del proceso de integración europea (la llamada “cuestión de la finalidad”),
  La reformabilidad de la UE,
El futuro del euro.
Acerca de la “cuestión de la finalidad” se expresaron dos posiciones:
Primera: La integración debe acelerarse, profundizando la integración política y teniendo incluso como objetivo final Los Estados Unidos de Europa, mientras que se continúa impidiendo proyectos dañiños como TTIP, CETA, etc. De otro modo, amenaza la vuelta a los Estados Nación del siglo XIX y XX. Dado el escenario de una transformación del sistema internacional hacia un mundo multipolar, una UE fuerte sirve de escudo contra grandes potencias como EEUU, China o Rusia.
Segunda: Ya hay demasiada integración. Lo necesario es un escenario de flexibilización interna y apertura hacia el mundo exterior. La flexibilización interna significa una desintegración selectiva, por ejemplo en relación a la moneda acompañada de una mayor integración en lo necesario, por ejemplo en relación con la política de energías sostenibles. Esto puede llevarse a cabo mediante políticas de “alianza de aquellos países que quieran” (alliance of the willing), es decir, formas que no sean ni centralizadas ni obligatorias para todos: “geometrías variables”. Abrirse al mundo exterior quiere decir establecer políticas de cooperación –en lugar de confrontación o dominación- con Rusia y el Sur del Mediterráneo. El establecimiento de los Estados Unidos de Europea sería transponer el antiguo nacionalismo estatal a una superpotencia europea y establecer nuevas formas de exclusión. En las condiciones de globalización actuales no hay peligro de que pueda producirse una vuelta a los estados nación del s.XIX. De hecho, la globalización ya está dominando y hasta cierto punto reemplazando la integración europea.
Sobre la cuestión de la “reformabilidad de la UE” se articularon las siguientes posiciones: 
  1. Es posible transformar la UE actual en una UE social, democrática y pacífica si hay bastante movilización desde abajo. Esto incluiría romper con los tratados.
  2. La orientación neoliberal es estructural a los tratados y queda blindada por ellos (“autoritarismo constitucional”). Los tratados solo pueden reformarse por unanimidad. Resulta utópico creer en una mayoría  política sincronizada en todos los países o en levantamientos populares sincrónicos en 28 Estados miembros al mismo tiempo. Por tanto, las posibles mayorías progresistas, sea en países únicos independientes, como Francia, Italia o Alemania, sea en alianzas de otros países, tienen que efectuar una ruptura con el resto.
Sobre el futuro del euro, las posiciones fueron:
  1. Aunque los países miembros del euro no son una “zona monetaria óptima”, dejar el euro acarrearía mayores costes económicos y sociales que mantenerlo. Continuarían las políticas neoliberales. El retorno a las monedas nacionales aumentaría la competencia y daría pie a la especulación con monedas. 
  2. El euro continuará agravando todo tipo de desequilibrios, incluyendo el abismo entre los países del centro y los de la periferia europea. Sea ahora o más adelante, los países tendrán que romper con el euro. Por ello, es mejor preparar una alternativa negociada y coordinada, para lo que hay distintas alternativas, que no se limitan a la vuelta a la moneda nacional. Por ejemplo, la propuesta Lapavitsas/Flassbeck contempla una propuesta mejorada del sistema de cesta de monedas previo a la introducción del euro. Otros proponen un sistema flexible con un euro común para las relaciones con el exterior y una moneda propia y sistema flexible para las relaciones en el interior. Otras ideas son el euro del norte y el del sur.
Hubo otras controversias, tal como la historia de la integración europea. Unos dijeron que el motivo inicial por el que surgió la UE fue el establecimiento de paz e internacionalismo, mientras que otros argumentaron que todo fue parte de una estrategia geopolítica durante la Guerra Fría. No obstante, este tipo de cuestiones parecen secundarias para el desarrollo de la estrategia futura de Attac.

3 de gener del 2016

La agricultura industrial y su responsabilidad en la crisis climática


Javier Guzmán
Director de VSF Justicia Alimentaria Global


Estimación del impacto medioambiental de las corporaciones de la industria alimentaria

El sector agrario español contamina más que 18 países de África juntos




Las corporaciones de la alimentación industrial se presentan a ellas mismas como parte de la solución al cambio climático. Estas empresas destinan gran cantidad de recursos a promocionar la idea de que la agricultura industrial corporativa es compatible con la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero (GEI). Sin embargo, la alimentación industrial es uno de los principales generadores de estos gases. Según un estudio de GRAIN, a nivel mundial la agricultura industrial es responsable de entre un 15% y un 18% de las emisiones de GEI y entre el 44% y el 57% de todas las emisiones provienen del sistema alimentario global.

Los datos estatales que se presentan a continuación pretenden mostrar que las empresas del agronegocio son parte del problema, no la solución; y que determinados modelos productivos como la agricultura y la ganadería industriales —esta última generadora de gran cantidad de purines altamente emisores de gases de efecto invernadero y ambas altamente intensivas en el uso de fertilizantes de síntesis y de piensos— son incompatibles con la reducción de la emisión de los gases causantes del cambio climático. De hecho, si se analiza el ranking de emisiones de CO2 por países se puede comprobar que solamente el sector agrario (piensos, fertilizantes y ganadería) contaminan más que 18 países de África juntos.

El sector de los piensos en el Estado contamina tanto como toda Venezuela
 

19 de desembre del 2015

La Renta Básica Universal: ¿un futuro de Laissez-Faire?



Por Scott Ferguson

Hay un entusiasmo creciente en la izquierda actual sobre la así llamada Renta Básica Universal (RBU), o lo que alternativamente se conoce como Renta Básica Garantizada. Bajo este sistema se entiende que el gobierno ha de proveer a cada persona con una paga regular y lo hará sin requerirle que participe en ninguna forma particular de trabajo social.

La idea, como argumentan Nick Srnicek y Alex Williams[1] en su libro de próxima aparición Inventando el futuro: post-capitalismo y un mundo sin trabajo (Inventing the Future: Post-capitalism and a World without Work, Verso, 2015), consiste en crear un nuevo mecanismo de redistribución que “transformará la precariedad”, “reconocerá el trabajo social”, “facilitará que el poder de clase se organice” y “ampliará el espacio en el cual experimentar cómo organizamos nuestras comunidades y familias”. Con estas metas admirables y deliberadamente ambiciosas, Srnicek y Williams colocan la RBU en el centro de lo que ellos ven como un proyecto crítico valiente, sistémico y visionario: un proyecto que se desplazaría de la crítica a la praxis y reemplazaría una estructura neoliberal en descomposición con un orden más justo y sostenible. ¿Cuál es la meta final de este nuevo orden? El fin del trabajo remunerado y el principio de la era post-capitalista. Como respuesta a la plaga de las recuperaciones sin creación de empleo y la ofensiva de las nuevas técnicas de automatización, Srnicek y Williams concluyen que todas las señales apuntan a una inminente “sociedad post-trabajo” y que la “demanda de la socialdemocracia por el pleno empleo debería ser reemplazada por la demanda del pleno desempleo.”

En manos de Srnicek y Williams, la Renta Básica Universal asciende desde su estatus marginal en los think tanks y las redes sociales a las alturas del rigor intelectual y la sabiduría asociada con la Crítica Teórica. Teóricos como Steven Shaviro ya han empezado a debatir las posibilidades y límites de la revolución de la RBU de Srnicek y Williams, y sin duda continuarán haciéndolo por algún tiempo. Pero antes de sumergirnos en este futuro de la RBU, ofrezco algunas cautelas que podrán parecer palos en las ruedas.

Lo que digo aquí es que Inventing the future de Srnicek y Williams yerra en la forma en que trata el problema del desempleo bajo el neoliberalismo y que su confusa formulación genera un deseo por la RBU que no es solo políticamente perverso sino que contradice el objetivo explícito del libro, esto es, una transformación sistémica. La RBU puede aportar alivio a algunos males contemporáneos, pero sugiero que no puede cargar con el peso de la transformación total que Srnicek y Williams pretenden.

En el núcleo del error analítico de Srnicek y Williams, en mi opinión, subyace una inadvertida  visión liberal sobre el dinero y el desempleo. De acuerdo con el imaginario liberal, el dinero aparece como una cosa finita que pertenece al volátil dominio de los capitales privados y las finanzas. Entonces sobre la base de esa imagen convencional del dinero, Srnicek y Williams presuponen otro de los grandes mitos del liberalismo: que el desempleo es el resultado directo de los caprichos del mercado y de la creciente automatización. Para ser justo, la mayoría de los críticos teóricos inmersos en la economía política marxista subordinan la relación del dinero a un todo que denominan “capitalismo” y desde ahí imaginan el desempleo como un efecto necesario de las transformaciones incontroladas de este todo. La diferencia es que Srnicek y Williams buscan una solución nueva y transformadora a este, al parecer, incurable problema; para ellos, la Renta Básica Universal es justo lo que el doctor recomienda. Dejando atrás los mercados de trabajo colapsando, mientras miramos hacia adelante a un mañana completamente automatizado, estos autores conjeturan que la RBU es la mejor solución disponible.

12 de desembre del 2015

Reacción de Attac Francia al Acuerdo de París



 
por Maxime Combes 

En momentos difíciles, se espera de una conferencia internacional que tome decisiones valientes y visionarias. Este no es el caso de la COP21, con un acuerdo muy por debajo del cambio de rumbo requerido. Al estado de urgencia climática, el acuerdo de París opone un bricolaje constituido por la suma de los egoísmos nacionales, tanto en materia de financiación como en los objetivos de reducción de las emisiones. No hace falta olvidar lo esencial: el acuerdo de París confirma un recalentamiento climático superior a 3°C, sin dotarse de los dispositivos para volver sobre una trayectoria inferior a 1,5°C o por lo menos a 2°C.

François Hollande deseaba que se recordase la COP21 como el momento que desencadenó una «revolución climática». En muchos de los puntos, el acuerdo de París se decanta por las opciones más conservadoras y menos ambiciosas de entre las presentadas en el texto de negociación. El acuerdo de París valida una cosa positiva: los 195 estados del planeta están de acuerdo en mantener un marco internacional y multilateral –aunque muy debilitado– de «gobernanza del clima»: para cambiar verdaderamente el escenario, es urgente que las reglas y principios de organización de la economía mundial y del comercio internacional sean sometidas al objetivo climático.

Análisis del texto sobre la base de los adjetivos utilizados por Laurent Fabius y François Hollande.

El acuerdo de París ¿es ambicioso?

 - Ratificando  las contribuciones nacionales que conducen hacia un recalentamiento superior a 3°C, la COP21 se muestra incapaz de desactivar la bomba climática.

 - El objetivo de 1,5°C, que no es un objetivo obligatorio, es incapaz de ocultar la ausencia de compromisos cifrados de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para los años venideros (art. 2).

 - No se menciona ninguna fecha para el pico de las emisiones y el objetivo a largo plazo, esperado para 2050, se pospone para la segunda mitad del siglo; la formulación del objetivo a largo plazo abre la puerta a la utilización masiva de técnicas inapropiadas tales como el almacenaje y el secuestro del carbono, la compensación de carbono y la geoingeniería.

Sin una hoja de ruta claramente establecida, sin mención de los puntos de paso entre 2020 y 2050 fijados por el Panel Internacional del Cambio Climático para volver sobre una trayectoria inferior a 2°C, el acuerdo de París pone en peligro el mero derecho a vivir de numerosas poblaciones en todo el planeta.

El acuerdo de París ¿está dotado de medios suficientes?

 - Ausencia de los 100.000 millones de dólares como nivel mínimo de financiación en el acuerdo de París, relegados al texto de decisión de la COP21, y por tanto, sometido a nuevos arbitrajes futuros, sin fuerza vinculante y sin mejoras respecto a Copenhague .

 - Carencia de transparencia y de previsibilidad de la financiación para después de 2020: ninguna mención de los términos «nuevos» y «adicionales» para sugerir  financiaciones futuras, en contradicción con la Convención, tan solo están los términos «adecuados» y «previsibles».

 - Ausencia de reajustes en beneficio de la adaptación.

Después de 25 años de negociación, y mientras que no han desbloqueado nunca la financiación necesaria, los países ricos, históricamente responsables del recalentamiento climático, intentan desentenderse de sus responsabilidades.

El acuerdo de París ¿hace «justicia climática»?

 - Supresión de las referencias a los derechos humanos y de las poblaciones indígenas, y a una transición justa en los artículos del acuerdo de París, relegadas a los preámbulos.

 - Claro debilitamiento del mecanismo de «pérdidas y daños», ya que todo lo que implique responsabilidades jurídicas (liabilities) ha sido retirado de este acuerdo.

El debilitamiento del mecanismo de pérdidas y daños suena como una confesión de culpabilidad de los países responsables del caos climático.

El acuerdo de París ¿es universal?

 - Los sectores de la aviación civil y del transporte marítimo, responsables de cerca de 10 % de las emisiones mundiales (equivalentes a las de Alemania y Corea del Sur) son eximidos de todo objetivo.

 - Numerosas contribuciones de los Estados, sobre todo de los países más desprovistos, dependen de financiación adicional para llevar a cabo su transición energética y las políticas de adaptación: ésta financiación no se ha incluido y no está garantizada en el futuro.

El Acuerdo de París no se dota de los medios para ser universal y renuncia a atacar la máquina del calentamiento del planeta que constituye la globalización económica y financiera.

El acuerdo de París ¿es jurídicamente vinculante?

 - El acuerdo de París no transforma las contribuciones nacionales en compromisos obligatorios y los mecanismos de revisión de los compromisos son débilmente vinculantes.

 - Ningún mecanismo sancionador es puesto en marcha para sancionar a los Estados que no adopten compromisos suficientes, que no los cumplan o que se negaran a revisarlos al alza.

Mientras que los acuerdos de liberalización de comercio y de inversión sancionan a los países cuando no respetan sus reglas, no hay nada de eso en la lucha contra las emisiones de gases de efecto de invernadero.

El acuerdo de París ¿es dinámico?

 - Será imposible añadir en los años futuros todo lo que no esté en el texto del acuerdo de París (100.000 millones de dólares como nivel mínimo de financiación…).
  - Están previstos inventarios (stocktaking) cada 5 años, pero la puesta en marcha de las revisiones al alza queda pendiente de la interpretación del texto y de la buena voluntad de los Estados.

El acuerdo de París ¿es diferenciado?

 - Con la puesta en marcha de las contribuciones nacionales, los Estados han aceptado en Lima una auto-diferenciación en materia de reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero: cada país pone sobre la mesa lo que desea.

 - En materia de financiación, mientras que la Convención-marco preveía que los países históricamente más emisores desbloquearan la financiación necesaria para la adaptación y la mitigación en los países que lo necesitasen, los Estados Unidos y sus aliados han intentado la demolición de estos principios de la Convención.

El acuerdo de París ¿es equilibrado?

 - No hay ningún mecanismo claramente definido para facilitar la transferencia tecnología, sobre todo para levantar las barreras al acceso generadas por los derechos de propiedad intelectual.

 - Se permite a los países, sobre todo a los más emisores, utilizar mecanismos de compensación de carbono para alcanzar sus objetivos, en detrimento de una reducción doméstica de las emisiones.

 -  Mantenimiento de la referencia al «crecimiento económico» (art. 10)