CARLOS JAVIER BUGALLO SALOMÓN
Licenciado en Geografía e Historia
Diplomado en Estudios Avanzados en Economía
Este enfoque de las políticas públicas considera que el respeto a
los individuos implica respetar sus preferencias. Pero a diferencia
del igualitarismo de los recursos, en el que se basa la propuesta de
la renta básica, postula la igualdad de las oportunidades.1
La crítica que se ha dirigido a los defensores de la igualdad de
recursos es semejante a la que Marx expuso en su momento: las
personas conformadas de manera diferente y situadas en diversos
lugares requieren distintas cantidades de recursos básicos para
satisfacer las mismas necesidades. Por lo tanto, uno no debe
preocuparse por los bienes como tales, sino de lo que los bienes
hacen por los hombres.2
Para entender este enfoque, empecemos por establecer algunas
definiciones. Una oportunidad es una ocasión de un agente, X,
de elegir obtener un objetivo, Ώ , sin la barrera de un obstáculo
Φ. Y la igualdad de oportunidades existe en todo lugar donde dos o
más personas tienen una ocasión de alcanzar un objetivo específico
sin ser estorbados por un obstáculo específico.3
Así pues, C le
da a X la oportunidad de alcanzar Ώ si elimina determinado
obstáculo Φ; y, por lo tanto, pone a X en condiciones de
obtener Ώ. Así pues, el hecho de que X obtenga Ώ depende
sólo de su habilidad natural y adquirida y de su esfuerzo. Entonces,
X y Q tienen igual oportunidad de vencer en una
competencia, si parten de la misma línea. Si X se encuentra
al principio atrás de Q, debe desplazarse hacia delante hasta
la línea común de partida para tener la misma oportunidad que Q.
El principio de la igualdad, o mejor dicho de la nivelación de
oportunidades, se ocupa por consiguiente de la redistribución del
acceso a las distintas posiciones de la sociedad, pero no de la
distribución de las posiciones mismas. La hipótesis consiste en
que, si todos tienen un punto de partida igual, la posición que
ocupen al final dependerá exclusivamente de la velocidad y de la
distancia alcanzada.4