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17 de juliol del 2015

POR QUÉ ESTAR CONTRA EL TTIP




















Javier Méndez- Vigo Hernández.

El TTIP no debe entenderse como un acuerdo entre dos socios comerciales competidores, sino como un asalto a las sociedades europeas y estadounidense por parte de las corporaciones transnacionales con el objetivo de abrir y desregular mercados de ambos lados del Atlántico” [John Hilary, El Acuerdo Transantlántico sobre comercio e inversión]


 

Nos encontramos en la Eurozona, una Europa capitalista donde la libertad de mercado es un fetiche y donde la propiedad privada se ha convertido en un principio ontológico. Esta Unidad Monetaria, que no es ni pretende serlo (de momento) un Estado, se rige por unos principios económicos que van en contra de las clases populares. Principios que durante los Años Gloriosos (aquellos del pacto keynesiano de postguerra) la socialdemocracia (aquella de los Willy Brandt, Olof Palme) quisieron reformar y poner un “rostro humano” a dicho capitalismo.

Crisis del Estado de Bienestar


Pero a raíz de la crisis del 73 (la crisis del Petróleo) la situación va a cambiar. Ya en aquella época -que en el Estado español coincidió con la salida de una dictadura férrea- se pondría de moda un término, eslogan e incluso fetiche. Mientras que en España se construye un Estado del Bienestar débil y recodos franquistas, tanto el Eurocomunismo como la socialdemocracia europea convencen al Movimiento Obrero de la necesidad de la Austeridad (los Berlinguer/Carrillo; pero también el Canciller socialdemócrata alemán). Defender esto dentro de las filas del Movimiento Obrero no hizo más que abrir las puertas a una nueva ortodoxia, a una nueva ideología económica: el neoliberalismo.

Si tuviéramos que sintetizar algunos principios anotaríamos los siguientes: 1) Desregulación de los mercados, en particular el mercado de trabajo (en el fondo una regulación a favor del empresariado), 2) una rebaja total del salario de los trabajadores, que se realiza transformando las relaciones sociales e introduciendo la flexibilidad laboral, 3) un ataque a los sindicatos como agentes sociales llegando a desprestigiarlos y criminalizarlos.

Al lado de esto no hay que olvidar un hecho clave en el último tercio del siglo XX: la derrota del estalinismo que trajo como consecuencia las guerras (de nuevo) a las puertas de la Unión Europea: tan solo citar las guerras en la Yugoslavia postitista que conllevaron la destrucción de la misma, la desintegración de la URSS; y ya en este siglo la implantación de un Régimen nazi (apoyado por la UE) en Kiev.

La verdad es que con estas situaciones se cimentan ya las base de esta Europa basada en la desregulación y con muy poco respecto para con las decisiones de los pueblos. Sin sindicatos fuertes, con un movimiento obrero totalmente atomizado y con la aparición del precariado o trabajador pobre, era preciso que la Europa Capitalista intentara poner la puntilla tanto al movimiento obrero como a todas sus conquistas sociales.


Y con estas nos encontramos con el TTIP



23 de febrer del 2014

DE LA RENTA MÍNIMA DE INSERCIÓN A LA RENTA BÁSICA (2)







Javier Méndez-Vigo. Dr. en Filosofía.


En 1988 se publicaba en Zona Abierta nº 46/47 un artículo del filósofo Philippe Van Parijs titulado "Una vía capitalista al comunismo". En dicho artículo se defendía la necesidad de un ingreso básico para cualquier individuo por el mero hecho de ser ciudadano. Allí se nos decía que esto  "sucede cuando todo individuo, independientemente de los cuales sean sus ingresos de otras fuentes tiene derecho a un subsidio incondicional, cuyo nivel depende solamente de variables tales como la edad y el grado de incapacidad".